Recuerdos de Carlos (72-73)

Por Carlos del Campo.

I
POR QUÉ A VIELLA

A la sazón, vivía en Melilla. Hijo de militar, y próximo a la edad en que se realizaba el servicio militar, mi padre me recomendó ingresar voluntario en un cuartel que había frente a mi casa… -Harás una “mili” más cómoda y podrás aprovechar para seguir tus estudios- me dijo.

Sin embargo, yo tenía mi idea al respecto. Me incomodaba sobremanera hacer el servicio militar “enchufado”. Quería saber cómo se pasaba en la realidad y sin recomendación y en mis propósitos, no entraba quedarme en Melilla como “hijo del Comandante”, disfrutando de unas prebendas que los demás no podían disfrutar.

Así, unos días después de que mi padre me recomendara cómo y dónde hacer la “mili”, decidí ingresar voluntario en una unidad con solera, lo más lejos posible de la influencia militar de mi padre y donde poder practicar mi gran afición… la montaña en todas sus variantes: La Compañía de Esquiadores Escaladores de la División de Montaña “Urgel” nº 4.

Aquella unidad tenía su sede en Viella, capital del Valle de Arán, en pleno Pirineo de Lérida y hacia allí salí un mes de enero de 1972, con una pequeña maleta en la que llevaba las pocas cosas que podía necesitar y entre las que, por supuesto, no faltaba mi cámara de fotos.

Después de un viaje sin contratiempos, cogí un autobús en un pueblo llamado La Pobla de Segur y desde allí, por una tortuosa carretera de montaña llegamos a la boca sur del famoso túnel de Viella. Era por la tarde y aunque el día no estaba totalmente claro, recuerdo que hasta entrar en el túnel, la claridad era la clásica de montaña, con una gran luminosidad que las manchas de nieve que había en los márgenes de la carretera, aumentaba.

Nos introdujimos en el angosto paso y pronto la oscuridad nos rodeó, rota únicamente por los faros del autobús que iluminaban la carretera y unos inmensos chuzos de hielo que, en aquellos lugares donde el agua se filtraba entre las placas de cemento, se habían ido formando.

Al cabo de quince o veinte minutos, salimos del túnel por su boca norte y ante mis asombrados ojos se extendió un paisaje que parecía sacado de un entorno completamente diferente al que dejamos en la boca sur. La nieve lo cubría todo y la carretera discurría bordeada por un talud que, en algunos lugares, llegaba a ser más alto que el mismo autobús. La tarde caía y entre jirones de nubes bajas, allá abajo entre la niebla, se veían las luces del pueblo y los tejados de pizarra negra destacaban sobre la nieve que todo lo cubría.

Sólo quien haya estado en el Valle de Arán, podrá hacerse una idea de cual fue la impresión que me causó mi primer contacto con aquel maravilloso entorno.

En 1972, Viella era un pequeño pueblo donde el “boom” del turismo aun no había llegado. Sus construcciones eran las típicas de los pueblos de montaña que había visto en las fotografías de mis libros. Robustos muros de piedra, estaban coronados por agudos tejados de pizarra soportados por gruesas vigas de madera. Las ventanas, de pequeño tamaño, tenían unas contraventanas de madera abiertas y sujetas al muro por unos soportes de hierro.

Pronto llegamos al cuartel y las sorpresas continuaron. Más que un establecimiento militar, aquel recinto parecía una residencia de lujo. Una esmerada limpieza y un cuidado extremo, hacían que, inmediatamente, se apreciase la constante atención y mantenimiento que se seguía en aquella unidad.

El Cuerpo de Guardia daba cobijo a una escuadra que, al mando de un Cabo, vigilaba la seguridad del acuartelamiento.

Frente al edificio había una garita que, según supe después, rara vez era utilizada por el centinela que se mantenía en una rígida posición de descanso, rigidez que rompía de vez en cuando desplazándose con paso marcial hasta una pasarela, de unos diez metros de longitud, que se encontraba al otro lado de la calle de acceso y en la cual se quitaba el frío desfilando con paso rápido y marcial, haciendo giros reglamentarios al llegar a los extremos, con una increíble y repetida perfección.

Acudió a recibirme el Cabo de Guardia que en nada se parecía a los soldados que yo estaba acostumbrado a ver en los muchos cuarteles que había visitado. Impecablemente uniformado, una larga barba le llegaba al pecho y el rostro que la barba no cubría, aparecía curtido, requemado por el frío y el sol y en sus orejas, se apreciaban las lesiones que, en forma de sabañones, habían dejado las bajas temperaturas.

Una vez le hube informado de quien era y de que entraba voluntario en aquella unidad, la incredulidad se dibujó en su rostro. Me preguntó si estaba seguro de que era allí donde yo quería ir y cuando por fin se convenció de lo que le decía, me acompañó a ver al Sargento de Semana.

Otra vez la incredulidad del Suboficial me mosqueó pues, según me decía, nadie iba voluntario a aquella unidad.

Al cabo, después de ver como se saludaban y el extremo respeto con que los subordinados se dirigían a sus superiores, empecé a entender el porqué de su extrañeza. Famosa en toda la zona militar de Cataluña por su dureza y extrema disciplina, la Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella, al mando del Capitán D. José de la Barrera Vicente, era el último lugar donde un joven en su sano juicio, habría decidido ir voluntariamente.

Impresionado por todo lo que iba viendo y oyendo, empecé a dudar de si habría sido un acierto mi solicitud de aquella unidad, pero pronto deseché mis dudas y me dije que a lo hecho pecho y que nada ni nadie impedirían que disfrutase de aquella experiencia.

Definitivamente, iba a saber lo que era el servicio militar y lo iba a conocer en una unidad de increíble disciplina, en un entorno sumamente duro y hostil y en un lugar a mil kilómetros de mi casa, de mi familia y de cualquier apoyo que mi padre me pudiera prestar. ¿Era eso lo que yo quería…? Pronto saldría de dudas.

II
EN EL CIR Nº 9 DE SAN CLEMENTE DE SASEBAS

Al día siguiente, acompañado por un cabo de la Compañía (Borderías Albiol son sus apellidos que recuerdo) me dirigí al CIR (Centro de Instrucción de Reclutas) nº 9 que estaba situado en el pueblo de San Clemente de Sasebas, cerca de la ciudad de Figueras.

Mi estancia allí fue de tres meses. Pronto mis compañeros se enteraron de cual sería mi destino una vez terminado el período de instrucción por lo que, a partir de ese momento, todos me conocieron como “Viella” y así me llamaban hasta los mandos.

Las instalaciones de aquel centro dejaban mucho que desear. Nos alojábamos en barracones de madera en los que, los días que soplaba la tramontana, el viento entraba por mil sitios y por más que tratábamos de taponarlos con papel de periódico, siempre quedaba algún agujero por el que se filtraba el aire helado.

Mi Compañía del CIR de San Clemente de Sasebas

Allí tuve mis primeros contactos con la disciplina militar, aprendí a reprimir mis opiniones y a acatar la voluntad de los superiores en un ejercicio de humildad que luego me ha servido en muchas ocasiones de la vida para callar a tiempo antes de meter la pata. Allí tuve mi primer contacto con las armas y aprendí a manejarlas con respeto y a no jugar con ellas: -las armas las carga el diablo y las disparan los estúpidos- nos decía nuestro Capitán. Allí aprendí lo que es la solidaridad, el unirte a tus compañeros, el consolarlos cuando por alguna circunstancia lo necesitaban y a sentir el calor de la amistad desinteresada. Y también allí supe lo que es pelar sacos y sacos de patatas, allí supe lo que es fregar el suelo de rodillas y frotando con estropajos de esparto hasta conseguir quitar la mugre que lo recubría todo y lavar montañas de enormes utensilios y perolas de la cocina de tropa y lo que fue más importante, allí aprendí a valorar las comodidades de las que había disfrutado en casa y nunca antes había considerado.

Los tres meses del período de instrucción pasaron pronto y antes de darme cuenta, me enviaron a incorporarme a mi unidad.

III
EL CUARTEL INCREÍBLE, EL EQUIPO TAMBIÉN

Me incorporé a la Compañía con un grupo de compañeros del CIR a los que les había tocado “en suerte” ir destinados a Viella.

Nos acomodaron en uno de los dormitorios y durante los primeros días tuvimos que “sufrir” las clásicas novatadas que antes se hacían en el Ejército. Allí, en la Compañía de Viella, las bromas tenían su sello personal y consistían en encierros en las jaulas que había en el Limite Norte, en la cuadra de la mascota y otras por el estilo pero nunca ofensivas ni peligrosas.

Pero estoy hablando del “Limite Norte” y de la mascota sin haber explicado como era el cuartel y como la Unidad.

El cuartel de la Compañía de Esquiadores Escaladores, se encontraba en el mismo pueblo de Viella. Situado entre la carretera general que atravesaba el pueblo y el río Garona, ocupaba una parcela cuadrada que limitaba por el sur con esa carretera y su límite norte era el río. Los límites del cuartel eran, por su lado de la carretera los quitamiedos metálicos de ésta y por el norte, había un paseo que bordeaba el río y en el que había una serie de jaulas donde tenían animales de la zona, águilas, un búho, erizos, urracas, …

El límite norte con sus jaulas

Rodeando todo el perímetro del cuartel, en las zonas donde nada impedía el paso, había instalado un sistema de cables de acero por los que discurrían unas poleas en las que iban fijadas unas cadenas a las que estaban atados unos perros, como los pastores alemanes pero blancos, de gran fiereza y que no permitían acercarse a nadie.

Con el único de aquellos perros que permitía acercarse.

Las construcciones formaban un cuadro en cuyo centro se encontraba el patio de armas. En su lado este estaban las cuadras de los mulos y por su lado oeste, detrás de la nave dormitorio, se encontraba una zona amplia de césped en la que estaba el monolito y en la que se llevaban a cabo todos los sábados un acto de homenaje a los caídos por España.

El monolito...
... y la Compañía formada.

En su lado norte, entre los edificios y el río, se encontraban los campos de deportes en los cuales, todos los días que no se salía a correr, se hacían diversos ejercicios para mantenernos preparados físicamente. Por las tardes, era habitual la práctica de diferentes deportes.

Los campos de deportes.

Todo el acuartelamiento estaba decorado con motivos rústicos y elementos tales como la reproducción de una catapulta y diversos carruajes antiguos, así como con esquís, piolets, zuecos de madera y otros artilugios que le hacían parecer más un museo que un acuartelamiento.

La catapulta.

Las construcciones, típicas del valle, eran unos robustos edificios con agudos tejados de pizarra negra. En algunos de ellos, se abrían buhardillas. Las ventanas que daban al exterior del patio, estaban guarnecidas con contraventanas de madera que se mantenían sujetas al muro con unos anclajes de hierro que se pintaban continuamente para evitar la aparición de óxido. Los paños de las construcciones estaban perfectamente encalados mostrando una blancura resplandeciente que contrastaba con los zócalos y esquineros de piedra.

La calle de acceso de vehículos.
Nave de comedor y cocina.

Los equipos, materiales y armamento, se trataban de ajustar, con mayor o menor fortuna, a los requerimientos de la Unidad.

En cuanto a la impedimenta, los uniformes que teníamos eran los mismos que utilizaban las unidades normales, el modelo M-67 en loneta fina y que teníamos, en los extremadamente fríos días de invierno, que complementar con los famosos “marianos” (calzoncillos largos) y con camisetas de invierno. No existían, o por lo menos allí no los teníamos en dotación, los famosos uniformes hidrofugados que, posteriormente, pude disfrutar en mi destino en Cazadores de Alta Montaña en Jaca.

El calzado tampoco era nada especial, y las famosas botas de tres hebillas, fueron mis compañeras durante toda mi estancia en la Compañía.

Para la práctica del esquí, disponíamos de unos pantalones de lana basta, con tirantes y el jersey reglamentario común a todo el ejército que, por aquellas fechas, parecían hechos más con borra que con lana. Un chubasquero de nylon que se empapaba rápidamente completaba nuestra equipación de esquí. Para los pies las botas, de cuero, marca “Segarra”, atadas con cordones y con una correa que envolvía el tobillo, trataban inútilmente de inmovilizar el pie en los esquís, intento completamente fallido pues, una vez mojadas, se quedaban blandas y para conseguir trasmitir a la tabla la acción del pie, había que forzar exageradamente la flexión de rodillas y la torsión del cuerpo y, aun así, no siempre se conseguía el propósito perseguido.

Por último, los esquís eran marca Sanchesky- Hickory, con cantos troceados, atornillados a las tablas y con una fijaciones, mixtas, con cable de acero que se tensaban con un “cangrejo” y que, según fuéramos a utilizarlos para pista o travesía, teníamos que liberar el cable de unas orejetas que mantenían el pie fijo o permitían la articulación de la bota. Los bastones eran de aluminio con las dragoneras de cuero y con unas enormes arandelas de aluminio unidas al bastón también por tiras de cuero.

Luego disponíamos de raquetas para andar por la nieve, fabricadas con madera y cuerdas y unos piolets de acero, con mango de madera y regatón también de acero.

Para la escalada, aun manejábamos las cuerdas de cáñamo, las clavijas de hierro en “p” y los mosquetones ovalados de acero. Una maza, que con cuatro golpes se partía, completaba nuestro increíble material de escalada.

Para portear la impedimenta y materiales, disponíamos de una mochila, tipo zurrón, con armadura de hierro y una bolsa central con tres bolsillos adosados.

Casi en la cumbre del Mulleres.

Y he dejado para el final el elemento humano, los hombres que hacían su servicio militar en aquella increíble unidad eran lo mejor de todo. Entrañables compañeros a los que la dureza del medio y los sacrificios compartidos hicieron como hermanos.

IV
LA COMPAÑÍA DE ESQUIADORES ESCALADORES: UNA UNIDAD SIN IGUAL

La Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella, era una unidad muy peculiar. Unidad independiente, enmarcada en el mejor escenario que se podía haber deseado y con la guarnición más próxima en Lérida donde se encontraba el Regimiento Barcelona 63 del que dependía administrativamente, basaba su funcionamiento en una disciplina férrea y en la aplicación a rajatabla de lo dispuesto en las Reales Ordenanzas de Carlos III y en el Régimen Interior, temible texto que, cuando se nombraba, ponía a cavilar a aquel contra el que se esgrimía.

Yo mismo, lo padecí en mis carnes cuando, por no haber cumplido con la diligencia debida un trabajo encomendado, me vi arrestado con un pelado al cero y un mes de calabozo. Y como el Régimen Interior decía que en el calabozo no se podían tener mas que unas tablas y unas mantas, así me corregí de todas las desviaciones que pudiera haber tenido en la columna, pues esa fue mi cama durante todo el mes. Y conste, que no fui de los más arrestados, pues había quien tenía acumulados arrestos por más tiempo que el que llevaba de servicio.

Tomando el sol en la puerta del cuerpo de guardia donde estaba el calabozo.

Una de las costumbres que rompía moldes, era la obligación de que, siempre que había que cruzar el patio de armas para desplazarse de un edificio a otro, había que hacerlo a la carrera. Estaba completamente prohibido andar por el patio.

Era algo digno de ver pues, a la hora de la comida, que teníamos que acudir desde el dormitorio al comedor, parecía que íbamos a apagar un fuego ya que todos corríamos como posesos.

En los dormitorios, el orden y la pulcritud eran exagerados. Estando organizada la unidad con arreglo a las plantillas en vigor, y aplicando lo escrito en las Reales Ordenanzas, estábamos organizados por escuadras. Cada escuadra se componía de un cabo y cinco soldados y cada escuadra tenía asignada una zona del dormitorio con tres literas dobles y seis taquillas. El Cabo Jefe de Escuadra, era responsable del estado de orden y limpieza de la zona asignada y no era necesario que dijera nada pues todos sabíamos lo que ocurriría en caso de encontrar algún fallo el Sargento de Semana. Se vigilaba hasta el extremo, que no hubiera ni una arruga en las colchas de las camas, que la disposición de las mismas, fuera exactamente igual en las seis camas, disposición que se repetía, clónicamente, en cada una de las otras escuadras; que las literas estuvieran exactamente alineadas con el resto de toda la nave, que no hubiera ni una mota de polvo, no ya sobre las superficies expuestas, sino que, cuando se pasaba revista de locales, el Sargento de Semana, la pasaba con unos guantes blancos puestos y se dedicaba a meter el dedo en todos aquellos lugares más escondidos como la parte inferior de los travesaños, los rebordes de la armazón metálica y los bajos de las taquillas.

Así mismo, se revisaba detenidamente el suelo para comprobar que no había ni una mancha de betún, cosa que podría haber ocurrido con facilidad pues nos teníamos que limpiar las botas varias veces al día.

El mismo orden y limpieza se observaba en todas las demás dependencias. En los comedores, las mesas se alineaban por las rayas del enlosado del suelo, encima de las mesas se disponían las jarras, vinajeras y otros aditamentos como alineados con regla pues el encargado de montar las mesas se colocaba en un extremo y con paciencia iba indicando a los que estaban de servicio ese día, los desplazamientos necesarios para conseguir el orden establecido.

Incluso en la cuadra de los mulos, fui testigo de cómo se arrestaba al encargado de la misma porque, habiéndose preparado la revista, el Teniente había encontrado cagadas de mosca en las bombillas.

Y todo esto que así narrado podría parecer un cúmulo de tonterías maniáticas, conseguía, una vez se le cogía el ritmo, que la Unidad fuera un engranaje en el que, la exactitud del funcionamiento del conjunto de piezas, hacia que funcionase con una precisión milimétrica.

Para las cuestiones de la instrucción, el ritmo y la exigencia eran, si cabe, más estrictos.

El Orden Cerrado (formaciones, movimientos con y sin armamento, desplazamientos en formación) era digno de verse. Desde el primer día, se exigía una perfección casi total y el período de integración en la unidad, era un auténtico martirio. El proceso empezaba con la instrucción a pie firme y sin armamento. Los instructores no dejaban pasar ni una: -¡levantad las cabezas…!-, -¡más…!, ¡más…!, ¡mirad por encima de la cabeza del de delante pero levantando la cabeza no sólo los ojos…!… -¡saca pecho…! ¡mete esa barriga…! ¡la cabeza…, que se te cae…! ¡levántala…! ¡tira de los hombros “pa tras”…! ¡los brazos…! ¡estíralos…! ¡esas manos…! ¡pegadas a los costados…, semicerradas…! ¡échalas “pa tras” que parece que te estas guardando los huevos…! ¡junta los tacones… los pies a cuarenta y cinco grados…!

Y luego empezaban los giros a pie firme: -¡derecha…! ¡mar…!…-¡el taconazo…, que no suena…! -¡izquierda…! ¡mar…!… ¡no suena… tiene que sonar como un cañonazo…! y repetíamos y repetíamos, una y otra vez: ¡derecha…! ¡mar…! -¡a ritmo de paso ordinario…! ¡uno…! ¡dos…! ¡uno…! ¡dos…! ¡media vuelta…! ¡uno…! ¡dos…! ¡uno…! ¡dos…!

El suplicio continuaba con la instrucción marchando. Conocida como la Legión Blanca, la Compañía de Viella, funcionaba siguiendo muchas de las directrices de la Legión, una de ellas era la frecuencia del paso. Muy por encima del ritmo normal, al principio costaba pero, una vez cogido, el desfile resultaba más marcial y enérgico. El braceo era también como el de la legión y la exigencia para conseguir la uniformidad y el ritmo era insistente e inagotable: -¡ese brazo…! ¡con fuerza…! ¡arriba…! ¡atrás…! ¡arriba…! ¡atrás…!- y braceábamos y braceábamos hasta que ya no sentíamos los brazos y parecíamos autómatas. A fin de cuentas, eso era lo que se perseguía con aquellas sesiones agotadoras de instrucción, conseguir que el automatismo fuera total y que, al oír la voz preventiva, nuestros nervios se tensaran y a la ejecutiva, el movimiento se ejecutara como un solo hombre, con energía y perfecta unificación.

V
EL RÉGIMEN DE VIDA: IMPRESIONANTE

El tiempo de instrucción pasó rápidamente y pronto nos vimos inmersos y perfectamente integrados en la Unidad.

La jornada de trabajo empezaba a las siete de la mañana. El toque de diana nos despertaba y las voces del Sargento de Semana urgiéndonos a levantarnos y animando a aquellos más perezosos con métodos más expeditivos, imprimían a nuestra vida una actividad febril.

Los requerimientos del suboficial para que se formase con diligencia, hacía que, en muchos casos, los mas retrasados formasen en paños menores, con las botas, el gorro y el ceñidor, únicos aditamentos de la uniformidad que era obligatorio portar a la formación de diana.

Era curioso el aspecto de aquella primera formación en la que, soldados a medio vestir, permanecíamos en el patio, la mayoría de las ocasiones nevado, con temperaturas próximas a cero grados cuando no por debajo de cero, en rígida posición de descanso, las cabezas levantadas y en absoluto silencio esperando a que el Sargento de Semana, gritase nuestro nombre, momento en que, cuadrándonos con fuerte taconazo y en correctísima posición de firmes, contestábamos con fuerza ¡PRESENTE…!, volviendo a caer en la posición de descanso en la que permanecíamos en inmovilidad absoluta hasta que la lista finalizaba.

Luego, a la voz entrecortada de ¡Fir… Mes!, nos estirábamos creciendo mientras los brazos tiraban hacia abajo para a continuación cuadrarnos con un fuerte taconazo. Al ¡Rompan filas…! ¡Mar!, desaparecíamos a la carrera en el interior del dormitorio buscando la acogedora temperatura del mismo y procediendo al aseo personal y al arreglo diario de las instalaciones, vigilando hasta el último detalle al hacer la cama, dejándolas perfectamente hechas y alineadas pues, la más mínima irregularidad, podía ser, y de hecho lo era, motivo de arresto.

A las siete y media volvíamos a formar en el patio, con el “jarrillo”, un recipiente de aluminio, de forma aplastada y con una correa de cuero para cogerlo sin quemarnos cuando el contenido estaba demasiado caliente, y desfilábamos por delante de un tren de reparto donde nos llenaban el “jarrillo” de café o cacao y nos daban unas galletas y varias rodajas de algún fiambre y un bollo de pan.

Después del frugal desayuno, nos dedicábamos a preparar la impedimenta y el armamento para comenzar la instrucción diaria.

A las ocho se tocaba “Escuadra” y, al oír el toque, todos corríamos a nuestro lugar de formación donde nos esperaba nuestro Cabo que procedía a revisar nuestro estado de policía y disposición de la impedimenta y armamento. Una vez revistados y con todo en orden, el Cabo daba novedades al Jefe de Pelotón.

A las ocho y cuarto se tocaba “Compañía” y en ese momento, los Jefes de Pelotón revisaban sus escuadras y daban novedades a los Jefes de Sección.

Y por fin, a las ocho y veinticinco se tocaba “Batallón y llamada” y a ese toque, el Capitán de la Compañía recibía novedades de los Jefes de Sección para, a continuación mandar de frente y, al compás de una marcha militar interpretada por la banda de cornetas y tambores, desfilábamos, saliendo del acuartelamiento a paso ordinario, los fusileros con nuestras mochilas a las que llevábamos atado el fusil, sujetas por sus agarraderas a la altura del pecho y, detrás de las secciones de fusiles, el ganado portando las armas colectivas y cuyo sonido, provocado por el golpeteo de los cascos de los mulos sobre el empedrado del patio, unido al nuestro propio y todo ello envuelto en la música, formaban una amalgama de sensaciones que hoy, casi cuarenta años después, me siguen erizando el vello al recordarlas.

Desfilando.

Así, en correcta formación, desfilábamos por Viella hasta la salida que hubiéramos de coger según el programa de instrucción marcado, para, una vez fuera del pueblo, pasar al “paso de maniobra” y después al más cómodo de “en columna de viaje”, momento en que podíamos hablar y marchar más relajados.

Pero, dadas las características del Valle de Arán, pronto dejábamos de hablar y teníamos que dedicar todas nuestra energías a mantener el ritmo en las empinadas laderas de aquellas montañas para no romper la disciplina de marcha, extremo éste que se vigilaba con especial atención ya que, las pequeñas distancias que pudiéramos ir dejando, se multiplicaban y, al final, hacían que los últimos sufrieran doblemente la dureza de aquellas pendientes pues tenían que absorber los “tira y afloja” que los que iban delante podían provocar.

En ninguna otra unidad he visto nunca un control tal de la disciplina de marcha y en ninguna he visto llegar al conjunto de la unidad hasta el destino final con total eficacia y al completo de los componentes de la columna.

Durante la marcha, se vigilaba permanentemente que, el ejercicio, fuera una fuente de constante aprendizaje. Así, se corregía hasta el hecho de marchar descubiertos. Recuerdo como, al observar que algún componente de la columna de marcha, se quitaba la gorra y avanzaba sin ella, el Teniente gritaba: -¡“Fulano”… la gorra en la cabeza que el soldado que lleva las manos ocupadas con ella, no las tiene dispuestas para hacer uso de su arma en caso necesario…!

En ocasiones, se hacían simulaciones de alarma aérea y se producía la dispersión de la columna, volviendo luego, con prontitud, a recuperar el orden de marcha una vez terminada la incidencia.

VI
EL VALLE DE ARÁN, MARAVILLA DEL PIRINEO

El Valle de Arán es una maravilla escondida en pleno corazón de los Pirineos.

Además de su capital, Viella, hay infinidad de pueblos que salpican hasta los más recónditos rincones de su orografía.

Viella, en aquellos años, era un pueblo de gran belleza. Con una población que no llegaba a los tres mil habitantes, todas sus edificaciones tenían el sello típico de las construcciones alpinas, con agudos tejados de pizarra negra a dos aguas y muros donde la piedra jugaba un papel importante. Sus ventanas, estaban dotadas de contraventanas para proteger de las inclemencias del tiempo a sus moradores y la madera, en vigas y refuerzos, le daban ese aspecto entre sólido y rústico característico de las antiguas construcciones de montaña.

Descendiendo del Túnel al que da nombre, la carretera se convertía en la calle principal del pueblo, a ambos lados, se iniciaba una industria turística que ya dejaba presagiar el terrible “boom” que vendría luego.

La Avenida, entonces de José Antonio, es la calle principal de Viella

Pronto nos encontrábamos con su iglesia de estilo románico-gótico con una torre coronada por su tejado de pizarra negra y en la que, al entrar a su sombrío interior, te transportaba a medievales épocas pasadas.

La calle principal, estaba cortada por un puente que permitía cruzar el Ríu Nere poco antes de la desembocadura de éste en el otro gran río del valle, el Garona. De vertiente atlántica, el Garona llevaba agua todo el año y era el límite norte natural del acuartelamiento. Sobre él hacíamos las prácticas de medios de progresión semipermanentes, tirolinas, escalas de troncos, pasarelas de cuerda, … como no había desnivel alguno, los anclajes se hacían en los árboles de sus riberas, desde las ramas más altas, hasta el suelo en la orilla opuesta. En él nos bañábamos en verano en un remanso que preparábamos con un dique de piedra construido por nosotros y en él padecíamos sus gélidas aguas en invierno cuando, al grupo de arrestados, nos ordenaban sacar piedras del río para realizar algún tipo de pequeña obra que hubiera que hacer.

El Garona con el Montarto al fondo.

Siguiendo por la calle principal, a la izquierda nos encontrábamos con el Hospital de Viella, imponente caserón que fue utilizado para rodar alguna película de terror y, en el mismo lado algo más adelante, se encontraba el cuartel, instalación de gran belleza y que ya he descrito con anterioridad.

Enfrente del acuartelamiento, existían unos bares y un hostal de los que  no recuerdo los nombres.

A partir de aquí, terminaba el pueblo y la carretera continuaba por el fondo del valle hacia otros enclaves igualmente típicos e igualmente bellos y sugerentes. Entre los que recuerdo con especial cariño, podría citar, en dirección a las pistas de esquí de Baqueira Beret: Betren, pequeño núcleo que cruzábamos cuando nos dirigíamos hacia la Tuca de Betren impresionante crestería desde la que dominábamos la ruta de los grandes lagos.

Escunyau, Casarill, Garos… todos ellos como sacados de un cuento y cuyos valles y prados tantas veces  recorrí con mis compañeros de fatigas haciendo recolección de los deliciosos hongos que en el valle tanto abundan… los deliciosos “rovellós” o “níscalos”, los amarillentos “rosignols”, los arracimados “peus de rat”, las “carreretas” que cogíamos en los prados y tantas otras especies que no recuerdo y que luego, los compañeros rancheros guisaban en la cocina y nos los servían solos o acompañados con carnes, cocinados con patatas y de otras formas deliciosas que, en mi memoria, se asocian con las dulzuras de las fresas silvestres, los arándanos y las moras, que recogíamos en nuestros recorridos, según las diferentes estaciones.

El siguiente pueblo, Artíes, lo tengo en mis recuerdos asociado a mis primeros contactos con los esquís; en sus prados me inicié en las técnicas de tan bello deporte, realice mis primeras agotadoras subidas en “tijera”, como un pato mareado, en escalera… allí practiqué mis primeras vueltas “maría” con las que, en ocasiones, parecía que se me iban a descoyuntar las piernas y allí hice mis primeros descensos, primero en cuña y después con algo más de técnica por sus extensos prados cubiertos de nieve.

-¡Flexión! ¡flexión!… flexiona ¡coño…! que pareces una tabla.

-¡Torsión! ¡torsión!… y ahora… ¡angulación!… ¡dóblate!… ¡doblate!… y ¡catacrás!… nos pegábamos unas tortas de órdago.

Ni que decir tiene, que el número de aparatosas caídas, fue superior al de descensos y recuerdo haber visto a  algunos de mis compañeros colgados por los esquís entre las ramas de los árboles que marcaban la linde inferior de aquellos prados.

También allí en Artíes tomábamos el valle del Ríu Valarties para acceder al Estany de la Restanca y después al Montardo de 2830 metros de altitud.

Artíes

Gesa, Unya, Salardú, Tredos y por fin llegábamos a las pistas de Baqueira pero para eso dedicaré un capitulo completo pues merece la pena.

Unya

Desde Viella, hacia la otra parte del valle, también había lugares de gran belleza y además de sus pueblos… Vilac, Betlan, Vila, Aubert, Arros, … recuerdo los umbríos bosques y prados del Pla de Bataller y de l’Artiga de Lin.

L'Artiga de Lin

Entre las cumbres que rodeaban el Valle y a las cuales subíamos a hacer instrucción o en los recorridos y marchas programados y que aún recuerdo, se encontraban el Monte de Garós (2173), el Arenyo (2522), el Monte Peguera con su altura máxima en el Pic de Uixera (2336) todos ellos en la vertiente norte del Garona y en la vertiente sur destacaban el Montcorbisson (2167), Pic de Letassi (2173), el Pic de Mig Dia punto intermedio para llegar a la Tuca de Betren (2514) y otros vértices de menor altitud que se pierden en mi memoria.

Sí recuerdo bien los largos recorridos, así, la marcha al Montarto pasando por el Ibon de la Restanca. La Ruta de los Grandes Lagos a la que accedíamos también por la Restanca para despues variar hacia el Oeste y encontrarnos con el Estany de Mar, el Tort de Ríus, el Estany de Ríus y por fin el Estany Redó desde donde, después de contemplar el lugar donde el túnel de Viella se introduce en el corazón de la montaña por su boca sur, nos dirigíamos hacia el Paso del Nebot y desde allí, por el barranco del Ríu de Fontfreda, bajábamos a Viella.

Otro recorrido espectacular era cuando, desde nuestro valle, pasábamos al de Benasque, subiendo por el barranco del Ríu Nere, llegábamos al Estany de Toro, desde éste al de Mulleres y, por fin, al collado de igual nombre desde el que accedíamos al Tuc de Mulleres (3010), para después bajar de nuevo hacia el collado y, desde allí, entrar en el valle vecino y dedicarnos a hacer ascensiones a las cumbres más importantes, empezando por el Aneto (3404), al que pasábamos desde las maladetas por el “paso de Mahoma” , después de haber atravesado todo el glaciar al que entrábamos desde el refugio de “La Renclusa”.

Otra cumbre de la que guardo un grato recuerdo por las impresionantes vistas que desde allí se divisan, fue el Pico Salvatierra.

Por esta misma ruta, ascendimos a la Tuca Forcanada (2875) de la que ya he colgado las fotos en la Galería.

Cuánto sudor, cuánto sufrimiento, cuánto esfuerzo, cuántos kilómetros, cuánta dureza y, sin embargo, cuánto compañerismo, cuánto espíritu de sacrificio, cuánta solidaridad, cuánto desprendimiento y cuánto amor a España…

VII
PRIMERAS ESCARAMUZAS CON LA NIEVE

El toque de corneta resonó con claridad y brincamos de la cama sin necesidad de que el Sargento de Semana utilizara los medios que en otras ocasiones eran imprescindibles. La formación en el patio nevado se hizo con más rapidez de la habitual y después de arreglar los dormitorios y consumir el habitual desayuno, nos dirigimos a los guarda-esquís a preparar el material para iniciar las actividades.

Hacía días que había empezado a nevar y las temperaturas habían bajado drásticamente con lo que, la nieve, se mantenía en los prados lo que anunciaba que el inicio de las actividades invernales era inminente y todos estábamos deseando que así fuera.

Durante los días previos, habíamos empezado a preparar el material de esquí.

Como ya he explicado, los cantos de las tablas eran troceados y estaban atornillados, por tal motivo no era extraño que, al pisar una zona escasa de nieve o con alguna piedra, se perdieran parte de los cantos, así, tuvimos que revisar y reponer todas aquellas faltas.

Igualmente habíamos repasado los arañazos de la suelas fundiendo sobre ellos barritas de plástico que para tal fin se nos suministraban. Recuerdo que cuando no disponíamos de aquellas barritas, fundíamos tapones de plástico, de aquellos transparentes que llevaban las botellas de vino de baja calidad. Una vez rellenas las irregularidades de las suelas, retirábamos los excedentes con una cuchilla y después lijábamos la superficie hasta conseguir que quedara lisa y uniforme. Luego aplicábamos una capa de cera y la extendíamos, dejando así preparadas las tablas para su uso.

Los bastones eran revisados con detenimiento y cuando había rota alguna de la tiras de cuero que unían la arandela al bastón, procedíamos a sustituirla. Asimismo, comprobábamos las dragoneras y los regatones, sustituyendo, en su caso, los que estaban igualmente dañados.

También habíamos preparado las botas aplicándoles una gruesa capa de grasa de caballo y se nos había suministrado la impedimenta de esquí que en capítulos anteriores ya he descrito.

Con aquello, ya estábamos dispuestos para nuestra primera toma de contacto con la nieve.

Antes de que hubieran empezado las nevadas, ya habíamos estado practicando con las tablas, a pie firme, sobre la hierba de los prados. Habíamos aprendido a calzarnos y fijarnos las botas, a acoplarlas a las fijaciones, a sentir la esclavitud que, en las primeras tomas de contacto, parecen ser los esquís.

Comenzamos con los primeros ejercicios para fortalecer la musculatura implicada que se convertían en un martirio implacable. Sentarse sobre las colas repetidas veces e incorporarse, flexionar fuertemente las piernas e inclinar el cuerpo hacia adelante hasta tocar repetidamente las espátulas. Marchar metiendo cantos interiores. Repetir clavando cantos exteriores. Clavar cantos interior de un esquí y exterior del contrario. Conocer y diferenciar el esquí “del monte” y “del valle”. Practicar una y otra vez la flexión manteniendo hombros, caderas y tobillos en el mismo plano. Adoptar posturas inverosímiles en las que se mezclaban la flexión, la torsión y la angulación, términos que nunca tuvieron casi significado hasta que los aplicamos en aquellas interminables sesiones de entrenamiento.

Aprendimos a cambiar de sentido de dirección con ejercicios de contorsionismo increíbles… la “vuelta maría” en las primeras prácticas nos parecía imposible. En pie, con los esquís paralelos, teníamos que elevar, con un tirón brusco, el esquí del lado hacia el que queríamos girar, hasta clavar la cola aproximadamente a la altura del la espátula del compañero. Luego, había que dejar caer la tabla que habíamos clavado, girándola hacia atrás, hasta dejarla paralela a la del otro pie, pero mirando para el lado contrario. En aquella postura, en que cada pie miraba para un lado lo que la hacía sumamente inestable, tenías que, cargando el peso del cuerpo sobre el esquí que habías volteado, hacer un ejercicio de equilibrio y, levantando el otro esquí, darle un giro de ciento ochenta grados hasta ponerlo paralelo con el anterior. Una vez conseguido aquello, ya estabas en condiciones de iniciar el movimiento en la nueva dirección.

En las primeras ocasiones, las caídas eran constantes y el consiguiente “cachondeo” hacía que aquello, más que una sesión de instrucción, pareciera una reunión de “sonados”.

Menos mal que nuestros mandos, conscientes de la absoluta novedad que todos aquellos ejercicios de contorsionismo y equilibrio, suponían para nosotros, permitían que se desarrollaran con cierta “flexibilidad” lo que los hacía agradables y relajantes dentro de la dura disciplina de la Unidad.

Y por fin allí estábamos, con nuestros gorros de lana, las gafas casi prehistóricas, con monturas de fieltro y cristales de plástico verde flexible, sobre la frente encima del gorro, nuestro chubasquero de nylón, el pantalón de peto, de aquel tejido tan áspero que si no fuera por los calzoncillos “marianos” que todos llevábamos debajo nos habrían desollado las piernas, las “maravillosas” botas “Segarra”, con interminables cordones blancos que pretendían, a base de dar vueltas y vueltas a los tobillos y reforzados por una correa que los envolvía, dar “fijeza” al conjunto y, por último, las tablas, los maravillosos “Sanchesky-hickory” y los bastones.

Formados de aquella guisa, esperábamos impacientes el momento de subir a los camiones que nos llevarían, los primeros días a los prados de Artíes y más adelante a las pistas de Baqueira Beret.

Aún recuerdo el traqueteo por la carretera sentado en la caja del camión, aun vienen a mi olfato, el asfixiante olor del humo de gas-oil del tubo de escape que, al no llevar lona de cierre, se introducía en la caja y nos hacía llorar y toser. Aún recuerdo la carretera, cubierta de nieve mezclada con barro destacando sobre los arcenes donde la nieve se mantenía impoluta. Imágenes vívidas que permanecen en mi mente.

Llegábamos a los prados y descendíamos de los camiones y nos disponíamos para realizar una serie de ejercicios que permitieran a nuestros mandos evaluar las capacidades de cada uno para, así, organizar grupos similares y que la falta de habilidad de los más torpes (o menos hábiles) no frenase el progreso del resto.

En aquellos prados, no había ningún tipo de remonte por lo que, el ascenso a las partes más altas, se hacía por nuestros medios, utilizando diversos métodos. El más sencillo, aunque cansado, era el de “escalera” es decir, se atravesaban los esquís a la pendiente y se iban dando pasos laterales hasta llegar a lo más alto. Esto que dicho así parece sencillo, a la hora de aplicarlo no lo era tanto. Si te descuidabas y dejabas de clavar los cantos “del monte”, los esquís se deslizaban y, como a tu lado y por debajo siempre había un compañero, el resultado era que dos, tres o cuatro, acabábamos en el suelo. Más adelante, aprendimos a subir en “tijera”, método que consistía en ponerse de cara a la pendiente, con los esquís abiertos por las espátulas y con las colas juntas, con los cantos interiores clavados, juntando las rodillas y haciendo un ejercicio bastante incómodo y cansado, dábamos pasos como patos mareados.

Pronto aprendimos a mantenernos sobre las tablas lo que nos permitió subir haciendo largas diagonales, clavando los cantos superiores o “del monte” y haciendo la “vuelta maría” para iniciar una nueva diagonal.

Una vez arriba, comenzaba la pesadilla. Los instructores nos daban todo tipo de explicaciones y aquello que así explicado, parecía tan sencillo, a la hora de llevarlo a la práctica se nos antojaba imposible.

-¡Mete cuña…! ¡Mete cuña…!

-¡Las colas…! ¡Separa las colas…!

-¡Junta las espátulas…! ¡No…, no las montes…!

Y ¡badaboum…! Allá que íbamos al suelo…, bueno a la nieve, en un revoltijo de tablas bastones y nieve.

Al principio, el levantarse, era toda una aventura; como no dominábamos los esquís, apenas te descuidabas, te veías sentado sobre las colas y, por más que hacías, no sabías como frenar y salías disparado por la pendiente hasta que, un canto mal aplicado o, el mismo “canguelo” que te entraba, hacían que volvieras a revolcarte levantando una nube de nieve y dando volteretas.

Pronto empezábamos a dominar aquello y de la cuña pasamos al paralelo. Las tablas parecían haber aprendido con nosotros y veíamos que hacían lo que queríamos y no lo que hasta aquel momento habían hecho.

Empezamos a lanzarnos sin miedo, a jugar con las flexiones y extensiones, aunque con gran esfuerzo debido a la blandura de las botas, los cantos entraban cuando queríamos y cambiando el peso, conseguíamos hacer giros.

Y, casi sin darnos cuenta, ¡Sabíamos esquiar…!

VIII
ESQUÍ EN LAS PISTAS…

Y por fin llegó el día. Sentados en las cajas de los camiones, tragando humo de gas-oil y con los nervios a flor de piel, nos dirigíamos hacia la estación de Baqueira Beret.

La primera novedad fueron los telesillas. Descontando a los oriundos del valle y a algún que otro que ya había practicado esquí con anterioridad, el subir en aquellas sillas volantes, era la primera de las emociones que el subir a pista nos deparaba.

Más de uno cayó al no asentar el culo con la debida diligencia; más de uno, al llegar su turno, corría delante de la silla intentando encaramarse a ella hasta que un canto de los esquís que todavía no dominaba, le gastaba una mala pasada enganchándose en el momento más inoportuno y daba con él en el suelo.

Pero al final, todos acabamos en la estación intermedia.

A partir de allí, empezaba una nueva experiencia…, el ser capaces de enganchar una “percha” del telesquí, colocarla en el trasero y, cogiendo la huella, conseguir llegar al punto final donde el soltar la percha, salir de la huella, desviarse hacia donde tuviéramos que ir, llegar allí y conseguir parar en el lugar adecuado, era toda una hazaña que, al principio, nos parecía inalcanzable. Y si el telesquí era de los que había que meterse entre las piernas, entonces, la hazaña era aun más difícil…

-Los bastones juntos en una mano…, coge la percha con la otra…, ¡no, no te sientes…! cuidado con los cantos, sigue la huella… ¡la huella…! ¡suelta ese cantoooo….! Y¡bumba…! de nuevo a morder la nieve…

Pronto, pudimos comprobar que todavía nos quedaba mucho por aprender. En los prados de Artíes, la longitud era muy limitada por lo que, la velocidad, a pesar de lo que nos pudiera parecer al principio, nunca llegaba a ser importante.

Allá arriba, hasta las pistas más sencillas para debutantes, permitían lanzarse con más libertad y pronto, la impresión por no decir el “canguelo”, hacía que acabáramos sentados en las colas intentando frenar aquellos endiablados esquís que parecían actuar con voluntad propia.

Los jefes de grupo, nos organizaron rápidamente y pronto estuvimos formados en la ladera, con los esquís atravesados a la pendiente, esperando las indicaciones del instructor.

-Vamos a salir de uno en uno…, salimos en diagonal hasta el punto donde yo haga el giro. Allí, abrís cuña, cargáis el peso al esquí del monte y éste os llevará a la nueva diagonal. Recordad… flexión, torsión y angulación…

Sí…, ¡JA…!, muy sencillo… efectivamente salíamos en la diagonal, abríamos cuña, entrábamos en la línea de máxima pendiente y aquellas malditas tablas, empezaban a coger velocidad y no paraban hasta que, en una nube de polvo, acabábamos rebozados en la nieve.

-Los cantos, has olvidado los cantos, tienes que meter los cantos interiores y, una vez que controles la velocidad, debes cambiar el peso al esquí contrario al lado hacia donde quieres girar…

Qué sencillo y que posible parecía así oído pero, en cuanto querías llevarlo a la práctica… ¡catacrás…! acababas en el suelo soltando juramentos y maldiciones.

Pero pronto, empezamos a controlar aquellos giros y a pesar de más de una “enculada” al compañero que, estoicamente, nos esperaba en la nueva posición del grupo, o de una caída colectiva cuando, tontamente, perdías el equilibrio y arrastrabas a los compañeros como fichas de dominó, acabábamos por terminar todos juntos y dispuestos a iniciar un nuevo giro.

Y por fin, lo logramos y aunque al cambiar el sentido del giro, volvíamos a las andadas, fuimos capaces de controlar la “cuña”, el “esquí del monte” , “los cantos interiores”, “la flexión”, “la torsión”, “la angulación” y todas y cada una de las indicaciones que nuestros monitores, con infinita paciencia, nos fueron enseñando.

Luego fue el “paralelo” y cuando fuimos capaces de jugar con la “flexión-extensión-flexión”, aquello empezó a marchar viento en popa.

Rápidamente las pistas de debutantes se nos fueron quedando pequeñas y empezamos a pedir más y mayores dificultades. Y pronto, los grupos de la Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella, bajaban por todas las pistas, verdes, azules, rojas y negras con total soltura y aquel cordón de figuras todas iguales, en impecable hilera, descendiendo por las laderas nevadas de la estación de esquí, fueron una constante durante todo el invierno en las pistas de Baqueira Beret.

Una vez dominamos la técnica, nos convertimos en inestimables colaboradores de la Estación y cada vez que había una competición, allí estábamos los militares pisando pista, colocando balizas y canalizando con redes los recorridos.

IX

ESQUÍ DE TRAVESÍA

-Para poder caminar con los esquís, tenéis que liberar la sirga de las orejetas…, eso permitirá el juego del pie al liberar el talón de la bota…

 

Así iniciamos la fase de Esquí de Travesía.Formados en el patio del cuartel, con los esquís sobre un hombro y los bastones sobre el otro, cruzados por detrás de la cabeza.

Salimos hacia la subida a la Tuca y una vez en el camino de media ladera, procedimos a calzarnos los esquís.

Había estado nevando toda la noche. Por la mañana, el valle aparecía completamente blanco. Los árboles estaban recubiertos por una gruesa capa de nieve polvo y todo aparecía envuelto en una neblina espectral.

Iniciamos el recorrido en hilera, guardando silencio pues parecía que al hablar rompíamos ese momento mágico que se produce después de una nevada, cuando la nieve absorbe todos los sonidos y el silencio parece que se toca.

Sólo la respiración, que se perdía en nubes de vaho al salir de nuestras bocas y el “siseo” de los esquís sobre la nieve se oía aquella mañana del mes de febrero.

La marcha se acompasaba entre el deslizar del esquí y el apoyo del bastón del brazo contrario.

A medida que avanzaba la mañana, al subir la temperatura, la nieve acumulada en las ramas de los árboles empezaba a caer. Un chasquido, una nube de nieve polvo y el balanceo de la rama que, liberada de su peso, parecía agitarse celebrando su liberación.

Aquello rompió el embrujo inicial y pronto empezaron las bromas habituales en aquellas salidas. En el momento en que el camino cogía una suave pendiente descendente, levantábamos el bastón golpeando las ramas bajas de los árboles que jalonaban la vereda, provocando la caída de gran cantidad de nieve que pillaba de lleno al compañero que venía detrás y que nos dedicaba toda clase de calificativos.

Otro recorrido habitual para practicar el esquí de travesía, era el Plá de Beret. Aquel impresionante valle y su llanura, eran escenario de largos recorridos que acababan en la pequeña ermita de Montgarri y vuelta hacia la estación de Baqueira.

Dura disciplina el esquí de travesía, mucho más que el esquí de pista en el que, teniendo fuertes piernas, la gravedad en las pendientes hace el resto. En la travesía, el esfuerzo es continuado y puede llegar a ser extenuante.

El Plá de Beret

Otra faceta del esquí trambién muy interesante, fue la progresión con “pieles de foca”. Son éstas unas tiras con apariencia de piel, con el pelo corto, apretado y con una fuerte inclinación que, en un sentido lo hace parecer liso y en el otro, se agarra fuertemente a la superficie. Estas tiras, se acoplan a las suelas de los esquís de manera que el pelo queda a favor de la marcha y se agarra fuertemente a la nieve cuando se intenta deslizar el esquí hacia atrás. Muy útiles cuando en el esquí de travesía, hay que salvar pendientes prolongadas que, de otra manera, sería muy cansado superar.

X
LA ESCALADA

Los días empezaron a ser más largos, las temperaturas subieron y la nieve empezó a batirse en retirada.

La primavera llegó con una explosión de vida en todo el valle. El verde de los prados empezó a borrar el color marrón de la hierba que el frío de la nieve había quemado. Pronto miríadas de insectos empezaron a revolotear y a libar en las flores que llenaban el valle.

Nuestras actividades se enfocaron hacia una nueva faceta: la escalada.

Los materiales de que disponía la Compañía en aquellos años, eran muy atrasados. Hacía años que yo practicaba la escalada en Murcia y ya manejábamos cuerdas de nylon, estribos con los peldaños de aluminio y mosquetones de duraluminio, las clavijas de muy variado tipo, las mazas eran muy sólidas aunque todavía con mango de madera, las botas con la famosa suela inventada por el italiano Vittorio Bramani, “vibram” y llevábamos cascos de fibra.

Allí en la Compañía, las cuerdas eran de cáñamo trenzado, los estribos se hacían con trozos de esas mismas cuerda, los mosquetones eran de acero, las clavijas, únicas, en “p”, las mazas pequeñas y endebles se rompían con mucha facilidad, como calzado llevábamos la bota montañera de caña corta y no teníamos cascos de protección.

Pues con aquellos materiales iniciamos el curso de escalada.

Los primeros días nos dedicamos al repaso del material. Extender las cuerdas, repasarlas con detenimiento a ver si tenían alguna erosión o daño. Reparación de mazas y comprobación de mosquetones y clavijas.

Empezamos a practicar los diferentes nudos y sus aplicaciones…

-Al extremo de la cuerda se le llama “cabo”…, cuando doblamos la cuerda, a la curva, se le llama “coca”…

-Este es el “as de guía”. Se utiliza para encordarnos y para aprenderlo, acordaros de esto: la serpiente sale del lago, da la vuelta al arbol y se mete en el lago…

-El nudo “llano” se emplea para unir cuerdas del mismo diámetro…para hacerlo, el que monta, monta…

-El “tejedor” puede utilizarse para unir cuerdas aunque sean de distinto diámetro…

-Cuando hagáis un nudo para anclar una cuerda o para hacer tracción sobre ella, colocad un palo en medio para evitar que la cuerda se estrangule y lugo no sea posible deshacer el nudo…

-Para sujetar cuerdas en los sistemas de tensado o “polipastos” utilizaremos el “prusik” que permite deslizar cuando está flojo pero ancla fuertemente cuando se aprieta…

Y así practicábamos una y mil veces hasta que el manejo de las cuerdas y los nudos se hacían instintivamente.

-Ahora los vamos a practicar a la espalda pues en la pared, no siempre podremos hacer el nudo en una postura cómoda… Ahora con una mano…

Y practicábamos y practicábamos.

Luego empezaron las prácticas de encordamiento. Las ataduras de pecho para seguridad y las prácticas sobre el suelo como si de una pared acostada se tratase.

En la Compañía las escuadras eran de séis hombres así, de cada escuadra, salían dos cordadas.

La ascensión la iniciaba el primero de la cordada por sus medios, sin más seguridad que la que la introducción de clavijas, en las que se colocaban mosquetones y por los que se pasaba la cuerda, le podía proporcionar, siendo la cuerda sujetada por el segundo de la cordada que quedaba abajo y que, por un sencillo sistema de polea, al mantener firme la cuerda, le daba seguridad. Eso sí, siempre que las clavijas y mosquetones así como la misma cuerda aguantaran el tirón de una posible caída.

El primero iba superando la pared agarrándose a las irregularidades de la roca. Cuando se presentaba un paso complicado, insertaba una clavija en una grieta y la introducía a martillazos…

-¡Esa canta…! ¡Es segura…!

Eso quería decir que el sonido al entrar en la piedra era limpio, sonoro y se apreciaba que aquel clavo había quedado sólidamente enclavado. Cuando por el contrario el sonido era sordo, y la clavija entraba fácilmente y sin dificultad, entonces ya sabíamos que aquel clavo no era de fiar y buscábamos otro lugar para colocarlo.

Cuando el primero iba a dar un paso difícil avisaba al segundo…

-¡¡Tensa…!! Y así éste sabía que era posible una caída además de que, con su tirón, podía ayudar al primero a superar el paso.

Una vez próxima a agotarse la cuerda, el primero buscaba un lugar de reunión y, asegurándolo convenientemente con varias clavijas, se aseguraba firmemente y a partir de ese momento, ya podía iniciar el ascenso el segundo.

Para iniciar la ascensión el segundo, era preceptivo dar una voces reglamentarias:

-¡¡PREPARADOS…?!!

-¡¡LISTOS…!!

-¡¡VOY…?!!

-¡¡VEN…!!

-¡¡TENSA…!!

Y se iniciaba la subida.

-¡¡Tensa…, tensa fuerte que voy…

La subida del segundo se hacía con rapidez y en los pasos más difíciles podía contar con el auxilio que, con la tracción de la cuerda le podía prestar el primero.

¿Y qué hacía mientras tanto el tercero…? Está claro que la escalada militar tiene como objetivo cumplir la misión y también es evidente que un hombre colgado en una pared, es un blanco fácil para el enemigo. El tercero, siempre está presto para dar apoyo y protección a los que en ese momento están en la escalada. Cuando le toca subir, serán los de arriba los que le den seguridad.

Todos hemos experimentado las descargas de adrenalina que se experimentan cuando, en un paso difícil, la posibilidad del “vuelo” es patente…

Todos hemos experimentado el temblor de piernas cuando después de un momento prolongado de tensión, el sistema nervioso libera energía de esa manera…

-La moto…, deja la moto…, cambia el pie de posición…

Y una vez cambiado, la sensación de tranquilidad que se sentía…Lo malo era cuando no había posibilidad de cambiar ese pie y el “vuelo” se producía…

Los peligros además podían venir por otras causas…

-¡¡Piedraaa…!!

Y todos nos pegábamos a la pared pues nos habían enseñado que las posibilidades de que una piedra al caer lo haga junto a la pared son menores que las de que caiga lejos de la misma por los rebotes.

Y claro, después de la subida viene el descenso… Los “rappels” eran al principio “la cruz” de los novatos…

-Hecha el cuerpo para atrás…, confíate a la cuerda…, siéntate sobre el braguero…

-¡Venga, ahora, da un salto…

-Separa las piernas…, no metas las manos en el mosquetón…, no te encojas…baja las piernas…

-La mano que controla hacia delante…para frenar llévala al pecho…

Pronto se le cogía el tranquillo y con ello el gusto…

-No corras…, no des saltos… controla que te vas a quemar…

Y efectivamente, a pesar de la chaquetilla de escalada de lona gruesa que llevábamos, más de uno salía con quemaduras en la espalda y en las manos…

Luego venían los largos “rappels” de Bagerge y como colofón, el temible “volado”. Cuando dabas el salto y quedabas suspendido en el vacío, el tragar saliva se convertía en un duro trabajo…, parecía que algo tenías en el cuello que te lo impedía…

Pero una vez se le cogía el gusto, los voluntarios para repetir se multiplicaban.

Continuará…

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73 comentarios en “Recuerdos de Carlos (72-73)

  1. Bonito relato … que recuerdos (gracias) pd.. no tendrás fotos de los barracones de madera de arties ..propiedad de copisa

  2. No se si os acordais de mi, soy Jose Jornet, me imagino que por el nombre no, pero por aquel entonces yo era el responsable de la emisora de radio, asi era como me llamaban todos “El Radio”
    Hace unos dias estuve en el valle y me emocione mucho cuando vi la placa conmemorativa al paso de todos los que prestamos nuestros servicios en la CIA E:E: de Viella, me encontre por casualidad con un excompañero del 72-73 y despues de recuperar vivencias me hablo de esta pajina y la verdad es que me he emocionado mucho cuando he empezado a leer, me a parecido que lo estaba viviendo otra vez.
    Nada, decir que os mando un fuerte abrazo y un hasta siempre

    1. Buenas noches Josep

      La verdad es que después de 40 años es muy difícil recordar nombres y caras. Como habrás podido leer en el Blog el próximo mes de septiembre tenemos un encuentro de veteranos en Viella ¿por qué no te animas y vienes?, seguro que allí podríamos recordar mejor.

      Esperamos que por lo menos sigas entrando por aquí de vez en cuando.

      Un fuerte abrazo.

  3. Magnifico documento a todos los niveles…..genial!!……fotografias,relatos de vivencias propias,ajenas,comentarios de compañeros,mandos,todo de una riqueza tremenda.Gracias a todos ellos por la excelente memoria demostrada(el caso de Carlos es un vivo ejemplo)la cual nos permite volver a sentir sensaciones que estaban a la espera de esa ventana que se abrio al descubrir este blog…..En cada etapa que nos ha ha tocado vivir a lo largo de nuestra vida,no permitamos que momentos puntuales en un periodo de tiempo,en el cual gana claramente la partida el lado positivo,nos pueda hacer no ver la realidad del momento vivido.Una de las cosas que nos une,entre otras muchas,es el orgullo de nuestro paso por aquel lugar,lo que nos va a quedar para contar como historias del “abuelo”,son para ser contadas con la misma pasion que seguro demostrar quien. tenga el placer de poder escucharlas.Saludos para todos y nuevamente…..Gracias!!

  4. Compañero Carlos, no me habia dedicado un tiempo a leer tu pagina y en ella toda la esencia de la compañia resumida en poco espacio.
    Espero estes disfrutando de tu jubilacion.
    Tengo problemas para abrir una pagina con mis fotos y poder invitar a los compañeros a compartir mis experiencias pues aun no existe ninguno de mi reemplazo.Yo no se si me podras ayudar si es asi ponte en contacto en el e.mail tossa1359@gmail.com.
    GRACIAS de antemano.
    Fuerte taconazo. Jose

  5. Animo Roberto, al final lo conseguiras, y ya se sabe “entre mas cuesta mas se disfruta”.
    Un abrazo

  6. Carlos.
    ¿Cuando dejaré de molestarte?
    Hice una página con mi colección de fotos, pero según las indicaciones al finalizarla en la parte derecha si que me pone “superior” pero no me aparece el desplegable con “colaboraciones” así que le di al botón azul que pone PUBLICAR. No se si me aparecerá de esta forma que hice o la tendré que hacer de nuevo; es que no me atrevo a manipular mucho por aquí por temor a hacer lo que no quiero que es estropear algo.
    El título que le puse es Roberto Fernández Vázquez (81-82)
    ¿que hago?
    Un saludo

    1. Buenas noches Roberto…

      Las páginas están creadas, una la has creado en el apartado de ENTRADAS (en cuanto tenga un momento la eliminaré ya que no es correcto)… y la segunda está bien creada, pero la has grabado como borrador, por eso no aparece en el listado de la derecha de nuestro blog…. Pero… No has añadido ninguna foto…..
      Si me dejas un poco de tiempo, te arreglo la página y la colocaré donde tiene que estar.

      Saludos….

      1. Como en su día le ofrecí mi ayuda, se la he arreglado yo, pero aparece encima de Luis Dalmau. Me habré equivocado al contar.

      2. Ignacio.
        Muchas gracias.
        Un saludo compañero.

  7. Amigo Carlos.

    Al colocar mi avatar no sale directamente, aunque sí de manera indirecta haciendo clik en él. ¿cúal es el motivo?
    Para subir la fotos y comentarios ¿sigo con estas INSTRUCCIONES desde wordpress? o con las que me dice en NUESTRA PÁGINA WEB.

    Siento incrementarte el trabajo, pero no me atrevo a dar pasos sin estar seguro.

    Un abrazo.

    1. Hola Roberto

      Algo habras configurado al subir tu avatar para que lo haga de esa manera. Revísalo a ver si das con la tecla.

      Las instrucciones del Blog las tienes en el margen abajo del todo.

      Las de NUESTRA PÁGINA WEB son para trabajar en la página web. Son dos cosas distintas, el Blog (éste en el que estamos) y la página Web de la que encontrarás enlaces en el Blog para ir a ella.

      Venga que queremos ver tus fotos.

      Un abrazo.

  8. Hola compañeros me gustaria saber si vosotros sabeis algo de Oscar font, llevo tiempo sin saber de el. Un saludo.

  9. Carlos:

    Si no hay ningún contratiempo en Viella nos veremos.
    Ya me he registrado en wordpress.Necesito que me habilites para subir mis fotos. Muchas gracias.

    Un fuerte abrazo.

    1. Amigo Roberto…, ya estás habilitado.

      Como siempre advierto, ten cuidado con los cambios que hagas no vayas a perjudicar al blog. Si tienes alguna duda me preguntas y si sabes como va, pues adelante.

      Un abrazo, compañero.

  10. Hola Carlos:
    Soy Roberto Fernández Vázquez de Asturias, cabo 1º del remplazo 81-82.
    Descubrí hace poco este blog, la emoción que sentí no la puedes imaginar. Te felicito por esta magnífica iniciativa tanto a tí como a los colaboradores. Aunque tu no me conozcas yo si te conozco, y es que no hay página en la que no aparezcas con tus comentarios siempre acertadamente apropiados y plenos de humanidad. Todos os mereceis un premio por ello.
    Ya me puse en contacto con compañeros de mi reemplazo y deseo seguir haciéndolo en tiempos venideros. Nada mas que tenga mis fotos digitalizadas las colgaré aquí; os tendré que pedir ayuda seguramente.
    Me gustaría saber también de oficiales y suboficiales que yo tuve. El sargento Anadón ya lo he visto aquí (estoy en una de sus fotos). ¿ los sargentos Benitez y Gregorio?. ¿el brigada Valverde? con el que colaboré en el montaje del gimnasio.¿el Brigada Mario? ¿el teniente Vivas? que por su culpa soy cabo 1º; en una ocasión lo he visto en televisión era Tte Coronel comandando un contingente a Bosnia si no mal recuerdo, me alegré al verle. ¿el Tte Franco? con el que compartí muchísimas horas de gimnasio, en la hora de paseo. ¿Los Ttes Santamaría y Martínez? ¿el capitán Muñiz?
    El capitán Artigas ya lo he visto aquí y se que mi capitán ya es general de lo cual me alegro mucho.

    Un saludo Carlos. Hasta siempre.

    1. Hola Roberto, bienvenido a ésta tu casa…

      Muchas gracias por tus palabras que no merezco.

      Sobre lo que comentas de tus mandos, si has repasado el Blog, verás que hemos organizado una asociación y que ya llevamos dos encuentros de veteranos, este año será el tercero.

      Al segundo encuentro, vino Anadón y el “Capitán” Artigas ha acudido a los dos. Si este año te animas, podrás encontrarte con compañeros y mandos de tu época.

      Pues nada, anímate y por Viella nos veremos.

      Un abrazo.

  11. Gracias por este relato tan magnifico y real de lo que fue para nosotros acer la mili en Viella. Al leerlo no dejaba de recordar, olores , sonidos, sensaciones fantasticas de lo que significó ese año que pasé en el Vall D’Aran.
    Gracias por hacerme recordar y vivir todo esto de nuevo.
    Un taconazo

    1. Gracias a ti Jordi…

      Realmente me he limitado a escribir mis recuerdos y mis emociones del momento. Para mí el paso por la Compañía fue todo eso y más.

      Hoy soy militar porque tuve la suerte de hacer la “mili” allí y nunca agradecerá bastante esa feliz circunstancia.

      Un abrazo, amigo.

  12. Es curioso la cantidad de información que desconocemos. Llegué a esta página porque tengo un llavero con el escudo y la inscripción del CIR nº9 de San Clemente de Sasebas y busqué información al respecto. Al final me quedo con un fascinante relato. Gracias. Un saludo.

  13. Buenas tardes Jotlunder….

    Desgraciadamente el cuartel cesó en sus actividades el 5 de Noviembre de 2000, en la página DESPEDIDA DE LA CIA, encontrarás dos artículos aparecidos en el Diario Segre al respecto…
    Por otra parte, tienes toda la razón en que podrían haber sido reutilizadas las instalaciones ya existentes de la Cia., de hecho en la página PARA LLORAR, encontraras fotografias en el estado en que se encuentra actualmente el que fuera nuestro Cuartel (fotografias hechas por Carlos este mismo verano).
    Y tal como te ha dicho Carlos, se Bienvenido a nuestra nueva casa….
    Un saludo

  14. Por cierto, Carlos y demás compañeros, en que fecha desapareció activamente el cuartel, aún no lo sé con exactitud, ahora por lo visto es un solar o algo así a la espera de mejor vida, a mí me hubiera gustado que se hubiera quedado tal cual como un centro turístico rehabilitado, algo así como los paradores nacionales de turismo, pero que las construcciones hubieran permanecido, si no que hubiera vuelto a su origen como prado.

  15. Gracias, Carlos. Hoy escribo desde mi puesto de trabajo, tomé vacaciones en noviembre y hice un viaje en solitario por las montañas del Sistema Central, ascendí cumbres en estado cuasinvernal, a mí la montaña me ha gustado desde cuando era pequeño y sigo practicando ya sea en compañía y en solitario, esto viene a colación de que por ello hice el servicio militar y además hacerlo en Viella, me podría haber librado de hacer, pero cuando conocí que en Pirineo había una compañía en Viella y también en Jaca, nada más terminar los estudios pues me fuí por allí.
    Viendo las fotos antiguas que habéis colgado decir que recuerdo haber visto en alguna camareta y los pasillos la fotos de los primeros escaladores-esquiadores, con esas barbas y tal, y me decía eso sí que tenía que ser duro de verdad, me contaron cosas muy duras y me dieron que pensar que en ese año 1997 ya todo era light como la cocacola, donde quedaron los bocatas de panceta agria y jamón, tal vez venga algún compañero diciendo que lo pasó muy duro, pero mi opinión de forma sucinta es esa.

  16. Hola Joaquín…

    Me parece que no sale tu foto porque escribes los comentarios como visitante sin entrar en el blog.

    Para entrar en el blog tienes que hacer el login en wordpress y a partir de ahí, ya saldrá tu foto en los comentarios que escribas.

    Léete despacio el apartado de “Organización e instrucciones” y quizás te aclare algo…

    Un saludo, compañero.

  17. Hola Jotlunder, bienvenido a nuestro/tu lugar…

    Espero que pases buenos ratos recorriendo sus páginas y que al final te quedes con nosotros.

    Gracias a ti por venir.

    Un saludo, compañero.

  18. Hola Carlos, me alegra que ya esté en marcha la Asociación ya le he pasado mis datos a Toni, por cierto una pregunta, ¿por qué no sale mi fotos en los comentarios?
    Un Taconazo.

  19. Bueno, señores, un saludo nuevamente a todos los que han pasado por allí, yo estuve del julio del 97 a febrero del 98, me fuí allí voluntario desde Huelva. El campamento en Huesca en el Alfonso I.
    No conocía esta página, aunque es de fecha de inicio reciente, y la visitaré asiduamente en lo que pueda.
    Tengo grandes recuerdos de allí, a pesar de sufrir varias lesiones por darlo todo, pero como esquiando era malo, pues nada, de todos modos lo que no nos mata nos hace más fuertes, y eso así ha sido.
    Por lo demás espero tener contacto con gente que convivieron conmigo.
    Un saludo y gracias a Don Carlos, el creador de esta página si no deduzco mal.

  20. Apreciado Rafael:
    No sabes cuanto me ha alegrado leer tu comentario del 27 de Octubre. Estoy plenamente convencido de que no pretendías ofender a nadie; este sistema de comunicación que utilizamos en nuestros comentarios hace que cualquier palabra pueda mal interpretarse y eso es lo ocurrido.
    No necesitabas pedir perdón por ello ya que tu intención no era dañar; al hacerlo has puesto de manifiesto tu grandeza. Hoy comentando el blog con unos amigos del mundo de la enseñanza, me han dicho que ya hay pocas personas con la categoría humana que has demostrado.

    Te agradezco mucho tu disposición para volver al lago de las Truchas, creo que aún llegaría, y desde luego me acuerdo del paso por el collado de Pruedo aquel invierno. Salimos ya con nieve desde el pueblo de Tredós, incluso puede que desde Salardú y además en aquella época no teníamos ni raquetas ni pieles de foca. Luego bajamos por Valartiés y ya cerca de Artiés, cuando comenzaba a anochecer, encontramos a un grupo que venía en nuestra búsqueda por si nos había pasado algo.

    Al igual que tú, también yo he llevado a mis hijos a la montaña y he vuelto a hacer con mi familia muchas de las marchas que había hecho con vosotros. Quería que disfrutaran de aquellos lugares tan maravillosos. Mi hijo, una vez terminada la carrera quiso hacer el Servicio Militar en Viella y allí estuvo pasando todo lo que vosotros pasasteis.

    Si me haces llegar tu dirección – Carlos o Ignacio te proporcionarán la mía – Te enviaré un regalo para tu hija monitora de Sierra Nevada.

    Un abrazo y hasta pronto, ya veré tus fotografías.

  21. Bueno amigos y compañeros, siento haber dicho lo anteriormente anotado, y, de paso pedir disculpas a mi Tte., no lo hice con animo de ofender ni de herir, solo pedir perdón a todos aquellos que con mi comentario se hayan podido sertir ofendidos.
    Tengo que comentar que aparte de lo ya reflejado, lo vivido y aprendido en la Compañía de EE.EE. de Viella compensa todas las penas pasadas, y a tal punto llega que a mis hijas les inculqué el amor a la montaña.
    Una de ellas Trabaja como Monitora de esquí en la Escuela Española de Esqui de Sierra Nevada; y cuando tenia 5 años la inicie en el Esquí.
    Tras licenciarme en Octubre del 74, nunca mas volví a esquiar en las pistas de Baqueira Beret, tal vez por la lejanía pero si lo he practicado por las pistas de la molina, la masella, Ordino, sierra nevada, y alguna en Suiza y Austria.
    Siempre a la Orden mi Tte. y dispuesto a volver al lago de las truchas y a suber el collado de Tredos con metro y medio de nieve, ¿lo recuerda?.

  22. Ahora me vais a matar entre todos… No és que esté deacuerdo con quien explica los malos momentos en LOS COMENTARIOS del blog, pero si que entiendo (y me ha pasado a mi y a muchos de nosotros) que el explicar la pura realidad vivida en la Cía, ayuda a comprender el porqué era diferente nuestra querida y amada compañía. Por esa diferecia, por esa disciplinada, por ese orden y limpieza jamás visto en ningún otro acuartelamiento… Desgraciadamente los malos momentos son parte también de ella y nadie tiene la culpa si existieron y si alguien quiere liberarse y manifestarlos, no tengo ningún problema si son ciertos. Cierto és (como dice Ignacio) que no hay que hacer homenaje a esos momentos, al contrario, lo que nos está uniendo aquí no es eso. Pero no por eso ignorarlo. Es parte nuestra también. Un fuerte taconazo!!

  23. Amigo y compañero Ignacio,
    no solo lo has “bordao”, si no que no dejas de sorprenderme gratamente cada día.
    Felicidades.
    Un abrazo.

  24. Creo que si leéis mi entrada en las fotos del Tte. Ponz Callén, sabréis lo que opino de tan excelente mando y mejor persona.

    Doy fe de que la actitud del Tte. Ponz fue exactamente la que él dice.

    Mi teniente, un abrazo.

    Saludos, compañeros.

  25. Buenas noches amigos….

    Carta a los Efesios 4, 31-32
    “…Desterrad la amargura, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sed bondadosos y compasivos; perdonaos unos a otros, como Dios os ha perdonado por medio de Cristo.”

    creo que esta página no esta para recordar los malos momentos pasados, ni recriminar a nadie los hechos ocurridos….
    Que hubo momentos duros, por supuesto, que se sufrieron novatads (vejatorias o no) por supuesto. En el año 92 cuando me incorporé a filas ya en el C.I.R. los mismos mandos nos advirtieron de que si algún compañero sufria cualquier tipo de novatada debia de ser denunciado…
    Es por eso que creo que no deberiamos centrarnos sólo en el aspecto negativo, sino en el positivo, nuestra admiración y amor por la Compañía de Esquiadores y Escaladores de Viella. Ya que de su paso aprendimos algo… algunos siguen amando la montaña y son guías, o trabajan en Empresas relacionadas con el medio, otros decidieron continuar con una vida militar al servicio de la patria y al servicio del pueblo…
    Otros, creo que la mayoría, nos reincorporamos a nuestra vida civil y a nuestros quehaceres, pero cuando nos preguntan ¿dónde hiciste el servicio militar? yo siempre contesto con orgullo, y casí me pongo en posición de firmes, COMPAÑÍA DE ESQUIADORES Y ESCALADORES Nº 41 DE VIELLA, y en ese momento se me van humedeciendo los ojos….
    No es ninguna reprimenda para ninguno, pues en cada época y en cada reemplazo se ha vivido de una forma especial, y siempre han habido cafres que siempre han dicho lo que me han hecho lo devuelvo multiplicado, y otros a los que nunca les ha gustado y optaron por “a mi me paso y no me gustaría hacerlo”.
    Muchas gracias a todos, y espero que nos volvamos a centrar en dar el homenaje que realmente se merece la Cia.
    P.D.: Sr. Ponz, por lo que leo, usted vive en Lérida. ¿por un casual no será en los bloques militares que hay en Ronda?

  26. Al leer el comentario de Rafael Gervilla no he podido menos que sentirme afectado, pues aunque únicamente menciona la palabra “sabía” pudiera interpretarse como que consentía las novatadas y nada más lejos de ello, no solamente durante mi estancia en Viella, sino durante toda mi vida.

    Saber, saber, nunca se sabía; se podía intuir por las insinuaciones que en algún alto de las marchas se pudía escuchar. Desde luego nunca nadie me expresó una queja sobre un maltrato de algún compañero, lo cual no deja de ser triste pues al parecer podía más el miedo al veterano o ser considerado un “chivato”, que la confianza en que el mando lo sancionaría.

    Lo que sí quisiera que querara muy claro, Rafael, es que durante toda mi vida he defendido la dignidad de la persona y nunca he permitido una novatada, ni un abuso, para mí los más débiles son sagrados.
    Ya en la Academía General Militar, cuando éramos veteranos tuve un problema con algún compañero por oponerme a que se realizaran novatadas. En Viella, además de advertir y aconsejar a los veteranos que respetaran a los nuevos llamamientos, y de recordarles al regla: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.”, muchas veces o no me acostaba o me ponía el despertador para salir por la noche a vigilar si ocurría algo. De ello puede dar crédito algún imaginaria.
    Incluso fuera del ámbito militar he mantenido esa línea de exigir respeto entre compañeros; siendo entrenador he expulsado a un jugador de mi equipo por referirse con palabras inadecuadas a la madre de un compañero(ya puedes imaginarte cuales eran). Y siendo profesor he suspendido a algún alumno, de distintas edades, por insultar o agredir a un compañero.

    Eso de “saber” siempre es muy relativo. En tu caso concreto que manifiestas haber servido en la Guardia Civil, a la que tanto admiro y respeto, he de decirte que seguro que sabíais que se distribuía droga, que existía contrabando y que se cometían infracciones de tráfico, también estoy seguro de que se hacía todo lo posible por evitarlo, aún así no siempre se lograba y todo ello sigue existiendo.

    En la vida he aprendido que los cambios de comportamiento tiene que ir siempre precedidos de un cambio de actitud interna, fruto a su vez de la reflexión personal; la educación puede ayudar mucho en la mejora de la sociedad, pero por desgracia no se está trabajando en ello todo lo que se podría ni con los sistemas más adecuados.
    La verdadera solución, en el caso de las novatadas, está en que el grupo que puede realizarlas, por ser el veterano, se detenga a pensar que ello puede afectar a la dignidad de la persona y sea el propio grupo quien se oponga a que se realicen, aunque él las haya sufrido. Alguien tiene que tener la valentía cortarlas.

    Si alguna vez pasas por Lérida me gustaría poder charlar contigo, mientras tanto y aprovechando que estamos en el año de san Pablo quizás te ayudará leer Efesios 4, 31-32. Ya me dirás que opinas.

    Me alegra tu comentario sobre lo aprendido en Viella y creeme lamento que no lo pasaras todo lo bien que podrías haberlo hecho.
    Hasta que tú quieras, un abrazo

  27. Hola Carlos y compañeros, leí tu relato y lo veo ajustado, creo que vas a ser el único que no fue puteado al estilo de la zona, ya sabes que a los conejos se les puteaba salvajemente y el Tte. Ponz sabia de ello, yo sufri en mis carnes vejaciones sin limite.
    Por lo demas siempre me gusto ser militar y aprendi mucho durante mi estancia en viella y tras licenciarme ingrese en la Guardia Civil donde he pasado 32 años, ya me encuentro jubilado.

  28. Bienvenido a nuestra/su casa mi Coronel…

    Es una alegría verle por aquí.

    Veo que conserva una memoria excelente pero, está claro que usted tenía a Mascó en la residencia y lo trataba de manera más personalizada que yo pues, seguramente, para mí sería un compañero más entre todos.

    Creo que debería ya que está por aquí, tomar las riendas de su página de fotos, es realmente sencillo pero, si prefiere que continúe yo con ella, por mi parte no hay ningún problema.

    Espero que me ayude a recordar más detalles de aquellos tiempos.

    Reciba un fuerte abrazo y un saludo legionario con fuerte taconazo de Viella.

  29. ¡Qué alegría descubrir a Francisco Mascó por aquí! Por lo visto Carlos no se acuerda de tu paso por la banda y sobre todo por la residencia de oficiales. Creo que la última vez que te vi fue en la jura de bandera de tu hijo ¿es así?
    Aquellos que estaban tan impresionados por la zorra de la entrada del acuartelamiento deben saber que tú nos proporcionaste una de ellas, recuerdo que la recogí al pasar por tu pueblo (Pons) a la vuelta de unas maniobras.
    Un abrazo

  30. Debería sonarme…?

    Quizás estuvimos juntos en aquellos memorables momentos…?

    Disculpa pero después de 36 años, mi memoria no está para muchas fiestas.

    Por favor sé más explícito.

  31. Amigo Pepe, envidio esa posibilidad que tú tienes…

    Cuando estés al lado del Garona, escucha la música del río y respira su aire fresco…, recuerda a este amigo y desea que yo pueda sentirlo igual…

    Quizás me llegue algo de ese ambiente…

    Un abrazo amigo.

  32. Disfrute de la COMPAÑIA DE ESQUIADORES ESCALADORES DE VIELLA en 1972¡–1973,y te doy mi palabra, que cada dia de mi vida recuerdo lo que tu explicas con tanta claridad y sentimiento,Carlos fue asi, ni mas, ni menos, asi.Ahora mismo cojo el forro polar y me voy a dar una vuelta por las ruinas de nuestro CUARTEL, y cuando este pasando por donde estaba la pasarela para cruzar el rio (creo recordar que en nuestra epoca a ese sitio se le llamaba patos )pues como te digo,desde ese lugar invocare al espiritu ESQUIADOR ESCALADOR, que seguro, tiene que seguir flotando en ese rincon de nuestro antiguo CUARTEL.
    COMPAÑIA, RETRETA Y PARTE ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

  33. Perdona Carlos he tenído que salir un momento, la familia… ya sabes.
    Yo sobro todo recuerdo al teniente Del Corral diciendo:

    .-¡¡Madriles!!. Venga joder, sube ya, tienes que dejar bien alto el pabellón, que no se diga.

    Y yo le respondía;

    .- Si el pabellón ya está muy alto mi teniente, fijesé si está alto que no veo el techo. Ja ja ja

    Ala y todos a reirse de mi, ja ja ja
    Que tiempos mas felices.

  34. Recordarás cuando nos atrancábamos en un paso y el Sargento o el Teniente te decían:

    -Venga que puedes…

    -Que no puedo mi Sargento…

    -Que sí puedes…, venga un tirón…

    -Que no puedo, que no puedo…

    -Que sí puedes…

    Y te entraba la rabia y mascullabas mil improperios contra el que te ordenaba subir y podías y subías y al llegar al lugar cómodo, respirabas y pensabas “Pues tenía razón el muy ca… he subido…” y en tu fuero interno, te llenabas de satisfacción y se lo agradecías al que te animaba a subir…

    Que tiempos compañero…

    ¡Preparado…?! ¿Listo…! ¡Voy…?! ¡Ven…! ¡Tensa…! y subíamos…

  35. Gran relato Carlos, largas las horas que pasamos haciendo nudos y largas las vias de escalada cuando te encontrabas con un paso dificil y que me dices de “la moto”. ¡¡Baja los talones y no te harán la moto los pies!!, ¡¡Pero quieres bajar los talones!!, ¡¡a que tengo que subir yo a por tí!!.
    Grandes, muy grandes recuerdos Carlos.

    Un saludo amigo.
    P.D. Ya lo creo que me ha gustado, desde que salí de Viella no he vuelto a escalar, lo hecho mucho de menos.

  36. Efectivamente José Luis…, es la misma pero, la tuya, desde más al interior del valle.

    La mía la he sacado de Internet para decorar un poco…

  37. Carlos, si te fijas la foto que tu tienes colgada cuya leyenda dice “Pla de Beret”, es el mismo lugar que tengo yo colgado con la leyenda “maniobras de invierno, el soldado que aparece a la derecha San Juan era el cociner de la compañia…” Fijate, fijate veras como tengo razón.
    Un saludo.

  38. Hola Francisco…

    Si he conseguido todo eso que dices, ya tengo la tarde completa y justificada…

    Muchas gracias compañero y un abrazo.

  39. Gracias Carlos por refrescarme la memoria que me patina despues de más de 30 años de mi paso por Viella, menudo relato de como eran nuestras vidas alli, de como era el Cuartel, de las subidas a Baqueira y a la Tuca.En fin de todo. Es como regresar al pasado, si cierro los ojos regreso en el tiempo, pena de no tener aquellos toques de la banda…….pena de que todo aquello quedara solamenta para el recuerdo. Sinceramante, si a mis 53 años se me ofreciera hacer de nuevo la mili en las mismas condiciones no lo dudaría un instante, tal vez sea el duende de aquella maravillosa locura. Saludos montañeros.

  40. Buenas tardes Oscar…

    Los toques de corneta a secas, es decir sin la contraseña, se pueden encontrar en alguna página web, por ejemplo, en la siguiente…

    http://www.geocities.com/juanvi28017/banda/index.htm

    Pero como ya decía más arriba, no suenan como los de Viella. Como aquello no hay nada. Y como también decía, ya sea por lo bien que tocaban ya sea por la fenomenal caja de resonancia que suponía el valle, en mi ya larga vida militar y después de haber oído bandas de renombre como las de La Legión y Regulares, nunca he vuelto a oír los sonidos de nuestra banda.

    Tengo que preguntar a los antiguos mandos de la Compañía con los que tengo contacto, si guardan alguna grabación de aquello. Si no las hubiera, es una lástima que aquellos sonidos se hayan perdido para siempre.

    Sobre lo que me comentas, mis narraciones son de la Compañía que yo disfruté en 1972-73. Seguramente en vuestras épocas habría variaciones.

    Me gusta lo que llevas escrito creo que te puede quedar muy bien.

    Gracias, Oscar por tu confianza…

  41. Buen relato de las esquiadas… creo que así, y más por veterania, me ahorrarás explicaciones que tu ya das de forma general e innatas de la compañia.. Ya he empezado a escribir en la etiqueta de testimonios. No sé si puedes acceder a darle un vistazo aunque esté sin publicar y decirme que te parece…

  42. Carlos, es posible encontrar los toques de corneta en música?
    El silencio, fagina, a la bandera… el toque de corneta y los desfiles con el paso legionario eran un ejemplo que nos distinguia. Sinceramente a difererencia de muchos , o no, yo nunca me sentí españolista ni patriota, la verdad, si compañero militar, montañero y fiel a la compañia (aunque me pudieran llamar “ardoroso” desde fuera). Estos sonidos pueden estar reflejados en algún lugar? Si hubiera algun enlace sería perfecto para hacer resurgir el sentimiento a quien se acercara a este blog. Que te parece? Un saludo!!

  43. Hola José Luis…

    He estado buscando entre mis fotos y he localizado una que te gustará…

    En breve la colocaré para tu satisfacción…

    Un saludo compañero.

  44. Tienes razón Luis…

    He estado buscando a ver si encontraba la Retreta Floreada pero no he encontrado nada.

    Los toques de la página que te enlacé son eso, sólo toques y no suenan, en absoluto, como sonaba “nuestra” banda.

    Me alegra que te guste este lugar. Mi idea era conseguir rendir un homenaje a “nuestra” compañía entre otras cosas.

    Espero que sigas visitándome.

    Un abrazo compañero.

  45. Carlos, en el cuartel, al menos el año que estuve yo, era tradición entre otras cosas tocar una retreta que yo diría que floreada cada noche y que duraba unos 5 minutos si no recuerdo mal…lamentablemente en el enlace que amablemente me diste suenan toques (ordenes?) de corneta pero lo que yo digo también era acompañado de una imponente percusión de tambores…Bueno seguiré visitándote porque encontré esta página y conseguiste emocionarme de verdad…Un abrazo, LUIS.

  46. Antes de ir a dormir habitualmente la banda de cornetas y tambores interpretaba una pieza (siempre la misma, a veces floreada) y que me gustaria recuperar…¿donde podría conseguirla…???.Un abrazo…LUI

  47. Esa es mi intención Luis…, dejar patente la singularidad de esta Unidad donde la disciplina más exigente, se mezclaba con el compañerismo, el trabajo duro y la satisfacción de hacer las cosas bien…

    No me extraña que te emocionen los recuerdos que lees pues, estoy seguro, ocupan un lugar importante en tu vida…

    En la mía, fueron tan importantes, como que me animaron a seguir en la vida militar… y no me arrepiento en absoluto…

    Un saludo cordial.

  48. También me emocionó…recuerdo esas sensaciones que mencionas cuando después de la jura de bandera en Figueras y de un breve permiso me tuve que incorporar a la compañía…y ese relato de la llegada en autobus al valle de Arán en aquel mes de Febrero del 83, yo que venía de la lejana Galicia (hoy vivo en Salamanca), cruzar ese largo tunel y al salir del mismo, majestuoso el Valle…iba con miedo lo reconozco, no era de los voluntarios…solo mi aspecto fortachón me parece es lo que hizo que me destinaran allí…hoy lo recuerdo con añoranza, y reconozco fué una experiencia impagable para un joven de 23 años que tenía…

  49. Gracias HCK por tu visita…

    Continuaré con los diversos temas de este sitio…, es cuestión de tiempo…

    Un saludo cordial.

  50. Enhorabuena. Un relato muy interesante y muy entretenido. Permanezco a la espera de siguientes capítulos.
    Salu2

  51. Hola Sergio…

    Gracias por tu visita. Tienes razón, es una lástima que aquella Unidad desapareciera; hoy hay otras unidades que se supone son las herederas de aquella pero, que va, nada que ver… Como la Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella no ha habido ni habrá otra igual…

    Espero que haya gente que se anime a participar en este blog…, yo estoy dispuesto a abrir las puertas a todo el que quiera.

    Un saludo muy cordial.

  52. Me encanta haber encontrado esta pagina soy un gran admirador de esta unidad y en internet no encontraba nada relacionado con ella. He tenido las suerte de hace un par de años estar en este acuartelamiento hoy desgraciadamente abandonado y olvidado, pero sus paredes vacias me hicieron sentir mucho. Mi pena es que cuando accedi por el 94 al ejercito profesional en esta unidad no salieron vacantes y me fui a infanteria de marina pero le guardo un gran respeto y admiracion a los que en ella sirvieron, sigue con esta pagina y que alguno mas de los que tuvieron la suerte de servir en ella colaboren con material grafico y sus experiencias, un saludo y gracias

  53. En ello ando amigo Juanka… en los ratos que me dejan mis ocupaciones…

    Gracias por tus comentarios.

    Un saludo muy cordial.

  54. Me ha encantado esta segunda parte del retalo.

    Hay mucho sentimiento en esas palabras, y eso es lo que más me gusta, porque al escribir, transmites.

    Espero que la tercera esté al llegar.

    Un cordial saludo.

  55. madre mia, que bonito relato……. muchas gracias.

    no te demores en la siguiente entrega.

    un abrazo.

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