Arán durante el reinado de Jaime I el Conquistador.

La lealtad de los araneses hacia el rey don Jaime I de Aragón. La minoría de don Jaime y sus matrimonios. El inicio de la Reconquista hispano-cristiana. La conquista aragonesa de los reinos de Mallorca y de Valencia. La conquista castellana de los reinos andaluces y del reino de Murcia. El Tratado de Almizra (1244). El Tratado de Corbeil (1258). Últimos años de Jaime I y el reparto del reino de Aragón entre sus hijos. Muerte de Jaime I.

Ruinas de la iglesia de Santa María de Medio Arán (Viella). Aquí se solía celebrar, en presencia de los prohombres de Arán, el juramento y compromiso del gobernador y sus asesores de respetar y guardar los privilegios y libertades de los araneses.

En septiembre del año 1239, después de haber conquistado gran parte del reino musulmán de Valencia, Jaime I el Conquistador se hallaba en su residencia de Montpellier cuando recibió noticia de que los araneses se habían opuesto con firmeza a aceptar como señor de la región a un tal Guilhèn d’Entença. A este tal Guilhèn de Entença, personaje de alta alcurnia y pariente del mismo monarca aragonés, le había sido concedida en noviembre de 1220 la bailía que se extendía “rivo de Garos usque ad rivos de Ros”, en compensación por algún tipo de ayuda prestada al rey en los difíciles años de la minoría. Pero esta donación nunca había sido bien aceptada por los naturales de Arán, que consideraban a la familia Entença sin potestad para ejercer el gobierno en sus tierras, a pesar del gran prestigio que pudieran tener en la corte del reino. Por este motivo, y por el revuelo que se debió organizar en el año 1239, el propio Guilhèn d’Entença y Guilhén Bernard d’Entença se presentaron en la iglesia de Santa María de Medio Arán

(1) y mostraron a un grupo de prohombres araneses las órdenes dictadas en su día por el monarca en virtud de las cuales éste hacía entrega a la familia Entença del señorío de Arán. La firme oposición de los araneses fue acogida, no obstante, por Jaime I como un signo de probadísima lealtad hacia la Corona y, en agradecimiento a ello, el rey, desde Montpellier, se dirigió por escrito a los habitantes de Arán mostrándoles su satisfacción por el hecho “de no querer recibir a otro señor que no fuera él”. Jaime I les prometió mantener el Valle siempre bajo su directa jurisdicción y les rebajó la cantidad estipulada en concepto de impuestos.

Busto de Jaime I en el Parque del Oeste de Madrid.

JAIME I EL CONQUISTADOR (1213-1276).- El desastre de Muret (1213), donde falleció el rey don Pedro II, significó la pérdida definitiva de la hegemonía que el reino de Aragón había mantenido hasta entonces en toda la región del Languedoc y de la vertiente atlántica de los Pirineos. En cambio, para el reino de Francia ocurrió todo lo contrario. En el antiguo reino de los francos, el rey Philippe II Auguste había conseguido restablecer el poder de la monarquía franca en detrimento de las poderosas castas nobiliarias locales y regionales, además de imponer su autoridad sobre casi toda Francia.

 

El rey de Aragón, al morir, dejaba a un niño (el infante don Jaime) de cinco años de edad como futuro monarca. El infante don Sancho, tío de del difunto rey don Pedro II y conde de Roussillon y Cerdagne, se convirtió en regente de la corona y en Procurador General del reino de Aragón. La minoridad de Jaime I facilitó el aumento de poder de la nobleza feudal frente a la autoridad real, y tras la regencia de don Sancho, Jaime I pasó a ser tutelado por un grupo de nobles hasta que, en el mes de julio de 1219, el mismo Papa Inocencio III constituyó un Consejo de Regencia integrado por el arzobispo de Tarragona y otros nobles afines al Pontificado.

Don Jaime se casó en enero de 1221 con la infanta doña Leonor de Castilla y Plantagenet, hija de Alfonso VIII de Castilla. Tras este matrimonio, don Jaime obtuvo la mayoría de edad y fue armado caballero en la ciudad de Tarazona, actual provincia de Zaragoza. Sin embargo, en 1229 el rey solicitó al papa Gregorio IX la nulidad de este matrimonio aduciendo razones de consanguinidad, y éste último se la concedió. A raíz de la separación, doña Leonor se retiró al monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas, en el que murió en el año 1244 y donde fue enterrada y momificada. El acuerdo de separación establecía que doña Leonor conservaría la propiedad de la población de Ariza y su castillo y cuantas posesiones y rentas tuviera en el reino de Aragón, así como la custodia del infante don Alfonso de Aragón y Castilla, hijo único y primogénito de ambos.

Años más tarde, en 1235, el rey se casó con la segunda de sus esposas, doña Yolanda de Hungría, a quien se la conoce con el nombre de doña Violante. Violante aportó como dote una fuerte cantidad de dinero, así como los derechos sobre el condado de Flandes y los territorios que su familia había poseído en Nemours y en Borgoña. Fue reina consorte de Aragón, Mallorca y Valencia, condesa de Barcelona y Urgell y señora de Montpellier. Doña Violante de Hungría fue madre de diez hijos, entre los que cabe citar al infante don Pedro de Aragón, futuro rey don Pedro III el Grande (1276-1285), y al infante don Jaime, futuro rey don Jaime II de Mallorca (1276-1311).

EL INICIO DE LA RECONQUISTA.-  Según el viejo Tratado de Cazola, firmado en el año 1179 entre los reyes Alfonso VIII de Castilla y Alfonso II el Casto de Aragón, los reinos moros de Valencia y Denia quedaron reservados para los aragoneses en las futuras conquistas que se fueran a llevar a cabo. Aún así, bajo el reinado de Fernando III el Santo (1217-1252) (2), los castellanos llevaron a cabo algunas expediciones sobre el reino de Valencia (Requena, 1219). Jaime I, ante el peligro de una conquista del Levante peninsular por parte de una expansiva Castilla, consideró necesaria la anexión de dichos territorios a su corona.

El comienzo de la desintegración del Imperio almohade tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), hizo que los reinos cristianos de Castilla y Aragón impulsaran de manera paulatina un proceso reconquistador. Desde la victoria cristiana en Las Navas hasta ya bien entrada la década de los años veinte del siglo XIII, este proceso estuvo prácticamente paralizado como consecuencia de los conflictos sucesorios simultáneos que hubieron tanto en Castilla (unión a León) como en Aragón (intervención suicida de Pedro II en las guerras del sur de Francia y la difícil minoridad de Jaime I). Pero una vez solucionados los problemas en ambos reinos, la ofensiva cristiana se puso en marcha, con dos adalides principales: Fernando III de Castilla y León y Jaime I de Aragón. Sobre los motivos que impulsaron a ambos monarcas a extender sus dominios hacia el sur peninsular, los historiadores manejan como principal hipótesis un importante y sostenido crecimiento demográfico durante los siglos XII y XIII, que se prolongó hasta mediados del XIV, cuando irrumpió la Peste Negra (1348).

Las conquistas realizadas por el reino de Aragón fueron dirigidas hacia dos áreas principales: las islas Baleares y Valencia. Con respecto a las islas, es importante señalar el hecho de que las frecuentes incursiones a que los piratas musulmanes en ellas establecidos sometían los navíos comerciales aragoneses, hizo que en la mente de Jaime I y en la de muchos nobles creciera la idea de realizar una expedición militar de envergadura contra las islas. Pero más que una simple expedición de castigo, el monarca  pretendía una conquista de las mismas en toda regla para establecer en ellas un protectorado totalmente libre de piratas que garantizara a los comerciantes barceloneses el control de la ruta comercial directa con el Mediterráneo oriental. Los medios económicos que se requerían para financiar una empresa de semejantes magnitudes se acordaron en diciembre del año 1228, en las Cortes que el rey convocó en Barcelona. Se quiso evitar a toda costa la injerencia de cualquier potencia extranjera, incluida la Santa Sede, en un proyecto en el que los magnates tanto aragoneses como barceloneses se comprometieron a aportar ellos mismos sus propios contingentes de soldados, al tiempo que se acordó la repartición de las futuras conquistas. Los navíos (unos 150) partieron el 5 de septiembre de 1229 de los puertos próximos a la ciudad de Tarragona y, cuatro o cinco días después, alcanzaron la costa suroeste de la principal isla balear. En diciembre de ese mismo año, tras un largo asedio, cayó Palma; el resto de la isla lo haría hacia mediados de 1232. En Menorca, Jaime I negoció con sus autoridades y la isla se convirtió en una especie de protectorado aragonés (3). Ibiza, por su parte, fue conquistada en agosto de 1235.

En la conquista del reino musulmán de Valencia participaron la nobleza y el clero de Aragón, las Órdenes Militares del Temple y del Hospital, las milicias de los pueblos del Bajo Aragón (Teruel, Daroca, Calatayud) y de las comarcas de Lérida y Tortosa, así como de otras del interior del condado de Barcelona. Fue una conquista lenta cuyo método consistía en ir devastando las comarcas próximas a las principales poblaciones, para luego terminar asediándolas y forzándolas a la capitulación. Mediante los pactos de capitulación, los conquistadores respetaban la vida, las leyes, las costumbres y las propiedades a los conquistados, lo que explica que gran parte de la población musulmana permaneciera en sus casas. La conquista del reino de Valencia se realizó entre 1232 -que se inició en las comarcas del norte y que se corresponden, más o menos, con la actual provincia de Castellón- y 1238 -en que capituló la ciudad de Valencia (9 de octubre de 1238). Hubo una segunda etapa, entre 1239 y 1245, durante la que  se conquistó toda la zona meridional del reino (lo que hoy es la zona sur de la provincia de Valencia y el norte de la provincia de Alicante).

Estatua de don Fernando III el Santo de Castilla y León, en la Plaza Nueva de Sevilla.

Por lo que respecta a las conquistas castellanas, hay que señalar que ya con anterioridad a 1230 (año en que se produjo la segunda y definitiva unión entre Castilla y León) el reino de León había iniciado la conquista de la actual Extremadura con la colaboración de la Orden Militar de Santiago. A partir de 1230, Fernando III el Santo emprendió una ofensiva militar sin precedentes por toda la Andalucía occidental que finalizó en 1248 con la capitulación de Sevilla. Otras poblaciones de la zona de las Marismas y del Estrecho cayeron a continuación y la importante taifa de Niebla lo hizo en 1262, siendo ya rey de Castilla y León don Alfonso X el Sabio.

 

La conquista del reino de Murcia se realizó en unas circunstancias un tanto excepcionales provocadas por una serie de problemas internos que llevó a las autoridades musulmanas de Murcia a firmar con los castellanos el tratado de Alcaraz en el año 1243, en virtud del cual el rey de Murcia, Muhammad ibn Hud, se convirtió en vasallo de Fernando III y le entregó todas las fortalezas de su reino. El infante don Alfonso (futuro rey Alfonso X el Sabio) tomó posesión de la capital del reino de forma pacífica, aunque tuvo que enfrentarse en otras poblaciones, como Lorca, con los líderes locales que se negaron a aceptar el tratado.

En marzo de 1244 se firmó un importantísimo tratado entre el rey don Jaime I de Aragón y el infante don Alfonso de Castilla (que era, a la sazón, su yerno): el Tratado de Almizra. Por medio de este tratado se establecían los límites que habrían de tener ambas coronas al norte del reino musulmán de Murcia, una zona que durante estos años estaba siendo asediada tanto por parte de las tropas aragonesas (conquista de Alcira en 1242), como de las castellanas (ocupación de la ciudad de Murcia en 1243), y quedó delimitada la zona por la que ya no se podría extender el reino de Aragón. La firma del Tratado de Almizra (límite de expansión hacia el sur), juntamente con la del Tratado de Corbeil (límite de expansión hacia el norte), firmado también por el Conquistador, sería la razón por la cual la Corona de Aragón habría de buscar otras zonas de expansión en los siglos venideros, y la zona elegida fue el mar Mediterráneo.

 

El rey Louis IX de Francia o Saint-Louis. Pintura realizada a imagen del sello del propio monarca.

EL TRATADO DE CORBEIL (1258).-  Durante la cruzada contra los cátaros, Louis IX de Francia (1226-1270) (4) consiguió ocupar y conquistar las tierras del Languedoc, arrebatándoselas al conde de Toulouse, Raymond VII. El marquesado de Provenza -la Provenza situada al norte del río Durance- que pertenecía a los condes de Toulouse, pasó a manos de la Corona francesa convirtiéndose en el condado de Venaissin. Pero la Provenza del sur, es decir, el llamado condado de Provenza sobre el que el condado de Barcelona mantenía una influencia efectiva, cayó también bajo el control de Francia. De hecho, Ramón Berenguer IV, conde de Provenza y de Forcalquier (y nieto de Alfonso II de Aragón), designó heredera del condado a su cuarta hija, Beatrice de Provenza, quien ocupó ese cargo en 1245. Pero al año siguiente, Beatrice contrajo matrimonio con Charles, conde de Anjou y Maine y hermano del propio rey Louis IX, y su marido se convirtió en marqués de Provenza (en 1265 se convertiría también en rey de Sicilia con el nombre de Charles I).

La intromisión definitiva y efectiva del reino de Francia en el Languedoc y en la Provenza, hizo que el reino de Aragón y la casa de Barcelona perdieran sus posibilidades de influir en los asuntos políticos de toda la región del sur de Francia. Así las cosas, don Jaime I de Aragón se vio obligado a firmar un pacto con Louis IX que ha pasado a la historia con el nombre de Tratado de Corbeil, por el cual el reino de Aragón renunciaba a todas sus pretensiones por los territorios del otro lado de los Pirineos y se establecía una frontera real entre los dos Estados. Este tratado se firmó en mayo de 1258 en la ciudad de Corbeil (actual Corbeil-Essonne, en la región de Île-de-France) y, por él, el rey Louis IX cedió a Jaime I todos los derechos que el reino de Francia pudiera tener sobre las zonas o poblaciones enclavadas dentro de los condados de Barcelona, Urgell, Besalú, Roussillon, Ampurias, Cerdagne y Conflent, y Gerona y Aussonne. Una de las áreas sobre la que el rey francés perdía sus derechos fue el condado de Roussillon, que limitaba al norte con la barrera natural de los montes Corbières y abarcaba casi toda la actual región francesa de los Pirineos Orientales (la actual comarca de los Fenouillèdes quedó, no obstante, integrada en el reino de Francia; de hecho, hoy en día, los Fenouillèdes son la única comarca o región natural de los Pirineos Orientales en la que no se habla el idioma catalán).

De la misma forma, Jaime I cedió a Louis IX todos los derechos que podía tener sobre la ciudad de Carcassonne y su región; sobre Razès y su entorno; sobre las ciudades y los vizcondados de Beziers, Minerve, Agde, Albi, Rodez, Cahors y Querci; sobre el ducado de Narbonne; sobre Puylaurens, Quéribus, Castelfizel, Sault, Fenouillet, Pierrepertuse, Millau, Gévaudan, Grézes, Nîmes, Toulouse, Saint-Gilles y, en fin, sobre todas aquellas regiones que se hallaban bajo la influencia y dominio del condado de Toulouse. Con el Tratado de Corbeil se realizó, por tanto, un intercambio de territorios de manera que ningún enclave pudiera corresponder administrativamente a los dos Estados a la vez. Sin embargo, Louis IX no pudo conseguir del condado de Foix la plena integración dentro de su reino, puesto que su conde siguió rindiendo homenaje al rey aragonés.

ÚLTIMOS AÑOS Y PARTICIÓN DEL REINO.- Los últimos años del reinado de Jaime I el Conquistador coincidieron con la Octava Cruzada, liderada, al igual que en la Séptima, por el rey Louis IX de Francia. En septiembre de 1269, Jaime I partió de Barcelona con su armada para dirigirse al puerto de Aigues-Mortes, una bastida portuaria situada muy cerca de Montpellier, que se había convertido en el punto de reunión y partida de los navíos cruzados. No obstante, y debido a una fuerte tormenta que dispersó las naves aragonesas, y también, posiblemente, a un pacto firmado con el sultán hafsida de Túnez unos años atrás, Jaime I renunció a la Cruzada.

En 1241, Jaime I procedió a realizar un primer reparto del reino, según la concepción patrimonial que se tenía en la época. Con ese reparto, su primogénito, el infante don Alfonso de Aragón y Castilla, recibiría el reino de Aragón y el condado de Barcelona, mientras que su hermano Pedro heredaría Mallorca, Valencia y Montpellier. Sin embargo, en el año 1243 nació Jaime y el monarca aragonés se vio obligado a rehacer su repartición inicial. Según esta nueva repartición, don Alfonso sólo recibiría Aragón; don Pedro, el condado de Barcelona, y don Jaime obtendría Mallorca, Valencia y Montpellier. Por último, en 1260 el infante don Alfonso desposó a Constance de Béarn, hija del vizconde Gaston VII de Béarn y de su esposa la condesa de Bigorre, pero tres días después, “entre los regocijos de su boda”, don Alfonso murió. El nuevo reparto se realizó en 1263 y según éste el infante don Pedro fue nombrado heredero de los reinos de Aragón y Valencia, así como del condado de Barcelona (títulos que ostentaría a la muerte de su padre, acaecida en 1276, con el nombre de Pedro III el Grande) y su hermano del resto (a partir de 1276 se convertiría en rey de Mallorca, conde Roussillon y Cerdanya, señor de Montpellier y barón de Ompelas, con el nombre de Jaime II). Esta última repartición fue ratificada en el testamento definitivo que don Jaime I de Aragón mandó redactar en 1272.

El día 27 de julio de 1276, el rey don Jaime murió en la localidad valenciana de Alcira (5). Antes de morir, abdicó en favor de sus hijos y luego fue amortajado con los hábitos de císter. Tras esto, el cadáver fue trasladado a Valencia, la capital del reino, y de allí al monasterio de Poblet, en la actual provincia de Tarragona, donde fue enterrado para la posteridad.

NOTAS.-

(1) En esta iglesia se celebraba el juramento del gobernador y sus asesores por el que éstos se comprometían a respetar y guardar los privilegios y libertades de los araneses, en presencia de los prohombres del Valle de Arán.

(2) Fernando III el Santo, fue hijo de doña Berenguela de Castilla y don Alfonso IX de León. A la muerte de don Alfonso en el año 1230, el reino de León se incorporó definitivamente a la corona de Castilla. Alfonso IX había legado el reino de León a sus dos hijas, doña Sancha y doña Dulce, pero los castellanos reclamaron los derechos sobre León y, tras un pacto con las hijas del monarca leonés, que incluían una cesión de tierras, se firmó el Tratado de Valencia de Don Juan. Castilla y León volvían a quedar unificadas, aunque conservando Cortes, leyes e instituciones diferentes.

(3) La definitiva conquista de la isla de Menorca se realizaría en 1287, con Alfonso el Liberal, nieto de Jaime I.

(4) El rey Louis IX fue el primer monarca francés que se tituló Rex Franciae, en lugar del tradicional Rex Francorum con que se titularon todos los reyes precedentes.

(5) Alcira era una villa que revestía gran importancia por ser la única por la que podía cruzarse el río Júcar y desde la que se podía realizar un exhaustivo control sobre un total de cuarenta y dos localidades, todas ellas situadas en las proximidades de la frontera sur del reino de Valencia. En Alcira, el rey don Jaime tenía una residencia oficial, la llamada Casa Real o Casa de la Olivera, y en ella pasaba largas temporadas.

Francisco Martínez Iranzo.

Un comentario en “Arán durante el reinado de Jaime I el Conquistador.

  1. Hola, amigos. Reinando Jaime I el Conquistador, se firmó el Tratado de Corbeil (1258) con el que se delimitaba definitivamente la frontera entre el reino de Francia y el de Aragón. A partir de esta fecha, la Corona de Aragón perdió la supremacía que había ostentado en el área meridional del país vecino, a excepción del condado de Foix, y Francia pasó a dominar la zona. Perdida su influencia sobre el Midi francés, los descendientes de Jaime I iniciaron su expansión por el Mediterráneo, llegando a conquistar Sicilia y, más tarde, Nápoles. Pero los araneses se mantuvieron leales al rey aragonés y no quisieron tener por señor a otro que no fuera él. Bueno, pues esto para los aficionados a la historia. Un saludo.

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