El valle de Arán bajo la soberanía de Francia.

Invasión francesa del valle de Arán en 1283. El rey don Pedro III el Grande de Aragón. El reino de Sicilia. La guerra entre Manfredo I y Charles de Anjou. Las Vísperas Sicilianas. Pedro III de Aragón se corona rey de Sicilia. Su excomunión. Philippe III el Atrevido. El reino francés de Navarra. Eustache de Beaumarchais. Intento de invasión del reino de Aragón desde Navarra. La Cruzada contra el reino de Aragón. Retirada francesa. Muerte de Philippe III y de Pedro III.

LA INVASIÓN FRANCESA DEL VALLE DE ARÁN DE 1283.- En los primeros días de noviembre del año 1283, Eustache de Beaumarchais, senescal de Toulouse y hombre de confianza del monarca francés Philippe III el Atrevido, entró en el valle de Arán y lo tomó. Previamente, el obispo de Comminges, Bertrand de Miremont había realizado diligencias para evitar que se derramara la sangre. Hacia finales del mes de octubre, había convocado a los clérigos y a las autoridades aranesas para informarles de que el rey don Pedro III de Aragón había sido excomulgado por el papa y les exhortó a entregarse de manera voluntaria y pacífica al senescal de Toulouse. Los araneses, sin embargo, se negaron a aceptar tan gentil invitación y prefirieron mantenerse leales a su rey aragonés.

Ante esta valiente negativa, y sin más dilaciones, Eustache penetró en el Valle con una fuerza militar de unos 500 soldados y alcanzó la población aranesa de Les. Dicha población, la única de Arán que, para estas fechas, poseía jurisdicción señorial propia, la regía un tal Augèr de Berbedá, que era aliado personal del propio Eustache. Augèr cedió el castillo de la villa (del cual, hoy en día, tan solo se conserva la torre Pijoert) al jefe de los invasores franceses y permitió que sus huestes lo utilizaran como base de operaciones. Según algunos historiadores (Josep Lladonosa i Pujol, 1907-1990), estando las tropas francesas en el interior del castillo, un grupo de araneses contrarios a Eustache asaltaron el mismo y le prendieron fuego, pero a pesar de este y de algún que otro altercado, el territorio aranés quedó totalmente sometido al poder de Philippe III el Atrevido de Francia. En muy poco tiempo, Eustache de Beaumarchais pudo pacificar Arán, que ciertamente ofreció poca resistencia. Después mandó construir una fortificación que se convirtió en la residencia oficial de los gobernadores franceses durante el tiempo que duró la ocupación. La fortificación (a la que se llamó con posterioridad Castèth-Leon porque uno de sus cañones estaba decorado con una cabeza de león de acero) estuvo emplazada sobre un peñasco que había al noroeste del actual municipio de les Bordes, justo en la confluencia de los ríos Jòeu y Garona. Hoy en día, no quedan restos de dicha fortificación.

El valle de Arán continuó perteneciendo, por derecho de conquista, al reino de Francia hasta que, a finales del siglo XIII, medió la Santa Sede y las autoridades francesas y aragonesas firmaron el acuerdo de Argelès (1298). Por medio de este acuerdo, la soberanía de Arán pasaría a ser detentada por el rey Jaime II de Mallorca. El motivo por el cual Francia había decidido invadir el valle de Arán y anexionarlo a su reino, hay que ponerlo en relación a los graves conflictos armados y diplomáticos que estaban teniendo lugar entre Francia, la Santa Sede y el reino angevino de Sicilia, de una parte, y el reino de Aragón de otra, y que habrían de desembocar dos años más tarde (1285), nada más y nada menos, que en un intento de invasión total del reino de Aragón por parte del monarca francés.

El rey Pedro III el Grande de Aragón.

PEDRO III EL GRANDE.-

El infante don Pedro de Aragón fue el primero de los hijos que Jaime I tuvo con doña Violante de Hungría (de su primer matrimonio con doña Leonor nacería don Alfonso, quien falleció en 1260). Cuando murió su hermanastro, el infante don Pedro fue nombrado heredero de los reinos de Aragón y de Valencia, así como del condado de Barcelona. Luego, casó en 1262 con doña Constanza de Sicilia, un casamiento que marcaría profundamente el futuro de su reinado, así como el de las relaciones diplomáticas con Francia y la Santa Sede. Con doña Constanza tuvo seis hijos, entre los que hay que señalar a los infantes don Alfonso (futuro Alfonso III de Aragón), don Jaime (futuro Jaime II de Aragón) y don Fadrique o Federico (futuro Federigo II de Sicilia).

Cuando murió don Jaime I en julio de 1276, Pedro tenía casi cuarenta años de edad y una amplia experiencia tanto militar como política. En el mes de noviembre se coronó rey en Zaragoza, recibiendo la corona de manos del arzobispo de Tarragona, según mandaban los preceptos; pero rechazó la obligación de tener que jurar fidelidad al papa declarando solemnemente que la corona no la recibía de la Iglesia Católica. Pedro III puso fin a unas revueltas musulmanas que habían surgido en el reino cristiano de Valencia y después puso rumbo a tierras leridanas para sofocar otra grave revuelta nobiliaria en la villa de Balaguer. Importante es señalar que en 1279 Pedro III recibió de su hermano don Jaime, rey de Mallorca, un juramento de fidelidad reconociendo su autoridad sobre él mismo y sobre sus sucesores.

La estratégica isla de Sicilia fue la causa de muchos conflictos diplomáticos durante varios siglos.

EL VOLCÁN DE SICILIA.-

Consumada la obstrucción aragonesa por las tierras del sur peninsular con la firma del Tratado de Almizra (1244) y por las tierras de allende los Pirineos tras el Tratado de Corbeil (1258), el reino de Aragón buscaría tres áreas geográficas para su expansión: el Magreb, el Mediterráneo oriental y Sicilia, siendo ésta última la más importante por sus consecuencias futuras. Sicilia, que había sido arrebatada a los musulmanes por el normando Roger de Hauteville a finales del siglo XI, cayó finalmente en manos del Sacro Imperio Romano Germánico por un casamiento entre la heredera normanda al trono siciliano y un miembro de la dinastía Staufen (1194). La Santa Sede, que se consideraba propietaria en sentido feudal de Sicilia, se opuso frontalmente a la hegemonía germánica de la isla, y comenzaron los problemas. Tras varias excomuniones del emperador alemán Friedrich II, una cruenta guerra civil en Italia (güelfos contra gibelinos) y un asedio a la Ciudad Eterna (1240), la corona siciliana fue a parar a Manfredo I, de la dinastía Staufen, en 1258. Sin embargo, en cuanto el papa Urbano IV (1261-1264) llegó al trono, excomulgó a Manfredo y ofreció la corona de Sicilia a Louis IX de Francia, quien, ni corto ni perezoso, se la pasó a su hermano Charles, marqués de Provenza y conde de Forcaldier, Anjou y Maine. Manfredo I y Charles I, dos monarcas para un mismo reino, entraron rápidamente en guerra, y el segundo venció al primero. Pero el problema no hizo sino agravarse más todavía, porque Manfredo, que murió en 1268 en una encarnizada batalla en el Benevento, era el padre, nada más y nada menos, que de doña Constanza Hohenstaufen, esposa, desde 1262, del rey don Pedro III de Aragón.

Charles de Anjou, convertido ya el en único rey de Sicilia como Carlo I (1266-1282), y apoyado por su hermano el rey de Francia, gobernó Sicilia con mano férrea e hizo prevalecer su supremacía naval por el Mediterráneo. El Pontífice Gregorio X (1272-1276) pronto empezó a recelar de Charles de Anjou, para quien Sicilia era sólo un trampolín con el que asaltar el Mediterráneo en su conjunto, incluido el Imperio bizantino, y trató de pararle los pies. Pero en el año 1281, un eclesiástico francés amigo personal del rey Philippe III el Atrevido (1270-1285), fue nombrado papa con el nombre de Martín IV (1281-1285). Martín IV quiso reavivar los intentos de dominar el Imperio bizantino bajo el signo de las Cruzadas y llegó, incluso, a excomulgar al emperador de Bizancio. Charles de Anjou se convirtió en el brazo ejecutor de aquella política expansiva de la Iglesia Católica por Oriente y hacia la primavera de 1282 estaba preparado para dar el golpe definitivo. En marzo de ese año, en el puerto de la ciudad siciliana de Mesina se empezaron a concentrar enormes efectivos navales que esperaban la llegada desde Nápoles de otras naves con Charles de Anjou al frente, dispuesto a partir hacia Bizancio para invadir Constantinopla y deponer al emperador. Pero la expedición no llegó a salir de puerto, porque se produjo un suceso que truncó los planes del papa Martín IV y de Charles de Anjou. El suceso ha pasado a los anales de la historia con el nombre de “Las Vísperas Sicilianas”.

El suceso conocido como "Las Vísperas Sicilianas" desató un conflicto armado de imprevisibles consecuencias.

LAS VÍSPERAS SICILIANAS.-

En Palermo, capital del reino de Sicilia, el lunes de Pascua del día 30 de marzo de 1282, justo en el momento en que las campanas de la iglesia del Santo Espíritu llamaban al oficio de las Vísperas, un grupo de personas armadas asaltaron a unos oficiales franceses y los asesinaron. La noticia del suceso, que tenía todas las trazas de ser una insurrección popular contra el opresor francés, corrió como la pólvora por toda la isla y los levantamientos populares se sucedieron, uno detrás de otro, sin descanso. En quince días, los rebeldes sicilianos tenían controlada toda la isla, a excepción de Mesina, que cayó hacia finales de abril. La flota que Charles de Anjou tenía preparada en el puerto de Messina fue totalmente destruida, y Charles, que no sabía a qué atenerse, se mantuvo prudentemente en Nápoles a la espera de ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Los sicilianos nombraron a sus líderes y solicitaron permiso al papa Martín IV para convertir a la isla en una República soberana al estilo de Génova, Venecia o Pisa, pero el papa francés, angevino hasta la médula, les exigió que reconocieran a Charles de Anjou como su rey legítimo. Los sicilianos, que deploraban a los angevinos y su opresora política de elevados impuestos, se apresuraron a ofrecer entonces la corona de la isla al rey de Aragón, don Pedro III el Grande, en virtud de su matrimonio con la hija de Manfredo, doña Constanza Hohenstaufen.

PEDRO DE ARAGÓN, REY DE SICILIA.- Pedro III el Grande, que durante los meses previos a estos sucesos había construido una fuerte flota, partió el 6 de junio de 1282 con una escuadra de más de cien naves del puerto de Barcelona rumbo a las costas de Túnez para arreglar cuentas con el sultán hafsida. Pero desde allí, atento a los sucesos de Sicilia, se dirigió a Trapani, en la costa oeste de la isla, donde desembarcó el 30 de agosto de 1282. En pocos días, Pedro el Grande se adueñó por completo de la isla y las tropas de Charles se retiraron. La intervención del rey de Aragón en la revuelta de los sicilianos transformó los hechos y la situación derivó hacia una guerra europea cuyas consecuencias no eran, para nada, previsibles. El día 2 de septiembre, Pedro el Grande llegó a Palermo y prometió a los sicilianos el restablecimiento de los antiguos privilegios de que éstos habían disfrutado durante la época normanda y que los angevinos habían arruinado, siendo entonces aclamado por la población. Dos días después, en la Catedral de Palermo, Pedro III el Grande fue coronado rey de Sicilia con el nombre de Pedro I.

La reacción del pontificado no se hizo mucho de esperar. El 9 de noviembre de 1282, Martín IV excomulgó a Pedro III. Pedro III, sin embargo, prosiguió con su avance y para el mes de febrero del año siguiente tomó la costa de Calabria, en la Italia peninsular. Las consecuencias de estas acciones fueron nefastas para él, porque el 27 de marzo de 1283 el papa lo desposeyó oficialmente de todos sus reinos, que entregaría un año después al segundo hijo de Philippe III de Francia, que también se llamaba Charles (Charles de Valois). Y no sólo eso, sino que además proclamó, bajo el mandato del rey de Francia, una cruzada en toda regla contra el monarca aragonés.

Pedro III, debido a la más que inminente guerra con el reino de Francia y a sus problemas internos con un amplio sector de la nobleza aragonesa, decidió regresar a la península, dejando al almirante Roger de Lauria en Sicilia. La nobleza de Aragón, a la que los elevados costes de la guerra de Sicilia estaban mermando su capacidad financiera, había amenazado con mantenerse de brazos cruzados ante una posible invasión de Francia. En Tarazona, una asamblea de nobles se reunió para exigir al rey unas reivindicaciones, tales como el mantenimiento de sus privilegios o una rebaja considerable de impuestos, entre otras cosas. Pedro III, ante la inminencia del ataque francés, se vio obligado a aceptar estas peticiones y en las Cortes celebradas ese mismo año en Zaragoza (1283) les concedió el llamado “Privilegio General”. Solucionado este espinoso asunto, Pedro III estaba en condiciones de tomar las medidas adecuadas para defenderse de Francia.

Philippe III de Francia se ganó el apodo de el Atrevido (en francés, Le Hardi) por su habilidad en los combates a caballo.

PHILIPPE III EL ATREVIDO.-

Philippe de Francia, hijo segundo de Louis IX, se convirtió en heredero al trono francés tras la muerte en 1260 de su hermano mayor, Louis. Ya como heredero, acompañó a su padre en la Octava Cruzada a Túnez (1270) y se convirtió en rey de Francia cuando, después de la toma de Cartago, el ejército francés fue víctima de una terrible epidemia de disentería y murió su padre. Entonces, en el mismo Túnez, fue proclamado rey de Francia con el nombre de Philippe III. Philippe no fue persona de gran carácter, pero se ganó el apodo de el Atrevido (en francés, le Hardi) por su habilidad en los combates a caballo. En 1262 se había casado con la infanta doña Isabel de Aragón, hija de Jaime I de Aragón. Doña Isabel acompañó también a su esposo a Túnez, pero al regresar de la Cruzada cayó de un caballo y falleció. Antes de morir, había dado a luz cinco hijos, entre los que cabe destacar a Philippe (futuro Felipe I de Navarra (1284-1305) y también futuro Philippe IV de Francia, 1285-1314) y Charles (investido rey de Aragón por el papa Martín IV y fundador de la Casa de Valois).

La llegada al trono de Philippe III se produjo en un momento de fuertes conmociones políticas en Europa provocadas, sobre todo, por las guerras de Sicilia. Durante esta época, la mayor preocupación de las potencias europeas ya no eran las cruzadas, sino los conflictos territoriales provocados por los heredamientos de los principales linajes nobiliarios. Philippe III mantuvo en el poder a los grandes consejeros de su padre, como el senescal Eustache de Beaumarchais o el chambelán Pierre de Brosse, y, promoviendo matrimonios ventajosos, concediendo interesantes herencias o consumando anexiones territoriales, trató de ampliar los dominios de la Corona francesa y de fortalecer su autoridad. Y lo consiguió.

EL REINO FRANCÉS DE NAVARRA.- Philippe III intervino en la política de Navarra al morir el rey Enrique I el Gordo (1270-1274). Este Enrique I fue hermano del anterior rey de Navarra Teobaldo II (1253-1270), quien, a su vez, era hijo de Teobaldo I (1234-1253), conde de Champaña y precursor de la nueva dinastía de la Casa de Champaña en Navarra. Enrique I murió sin descendencia masculina y, consumada la práctica de respetar los derechos dinásticos de las hembras en ausencia de varón, su hija doña Juana ocupó el trono con el nombre de Juana I. Pero como doña Juana apenas tenía tres años de edad, su madre, doña Blanca de Artois, a la sazón sobrina de Louis IX, asumió la regencia. Doña Blanca juntó Cortes en Pamplona y nombró gobernador a un tal Pedro Sánchez de Monteagudo, señor de Cascante. Ante una minoría tan “apetitosa” como era la de Juana I de Navarra, el ya rey castellano, don Alfonso X el Sabio, aproximó sus tropas a la frontera con Navarra para tratar de negociar un matrimonio ventajoso. Doña Blanca, sin dudarlo, cogió a su hija y sus pertenencias y marchó a la corte francesa para acogerse a la protección de su primo Philippe III. Tanto Castilla como Aragón, que también tenía sus ojos puestos en el reino navarro, vieron así burladas sus pretensiones.

Influidas por el gobernador don Pedro Sánchez de Monteagudo, que siempre se había mostrado muy pro-aragonés, las diferentes facciones nobiliarias de Navarra se opusieron a esta acción de la reina madre. Se convocaron Cortes de inmediato y en ellas se declaró que nunca reconocerían como reina de Navarra a doña Juana si ésta no casaba con el príncipe don Alfonso de Aragón, nieto del rey don Jaime I. Ante esta firme amenaza de la nobleza navarra, Philippe III tomó la iniciativa y se proclamó regente del reino de Navarra hasta que la princesa doña Juana alcanzase la mayoría de edad. Un año después (1276), en Navarra estalló la guerra entre las facciones pro-aragonesas (representadas por Monteagudo) y las pro-castellanas (representadas por un poderoso caballero llamado García Almoraviz, el cual dominaba la ciudad del Obispo o Navarrería, uno de los burgos de Pamplona). El rey francés, para evitar que el conflicto fuese a mayores, envió sus tropas a Navarra bajo el mando de Eustache de Beaumarchais, senescal de Toulouse y colaborador de confianza, además de hábil guerrero. Beaurmarchais sustituyó a Monteagudo, pero la contienda entre las facciones continuó en lo que ha venido en llamarse la Guerra de la Navarrería, y no terminó hasta que el conde Robert II de Artois, hermano de la reina madre doña Blanca, con veinte mil hombres, entró en Pamplona y tomó la ciudad.

EUSTACHE DE BEAUMERCHAIS.- Convertida Navarra en un reino totalmente dependiente de la monarquía francesa, Francia se sirvió de él para intervenir en los asuntos políticos de la península Ibérica. Entre sus principales objetivos había uno: debilitar al reino de Aragón. Eustache de Beaumarchais, que gobernaba Navarra en nombre del rey de Francia, llenó con funcionarios franceses todos los puestos administrativos de Navarra, haciendo aumentar el descontento entre la población.

En 1283, dentro de la estrategia de debilitamiento aragonés, el gobierno francés de Navarra llevó a cabo un intento de invasión por la frontera oeste de Aragón. Desde Sangüesa, al mando de cuatro mil caballeros e infantes, Eustache de Beaurmarchais penetró en territorio aragonés hasta toparse con la fuerte resistencia del castillo de Ull, ubicado en la actual población de Navardún, en el mismo curso del río Onsella. Tras asaltar los arrabales y la barbacana del castillo, los franceses destruyeron la torre mayor del mismo y dieron muerte a la mayor parte de su guarnición militar. Conquistado el castillo, Eustache de Beaumarchais prosiguió su avance hacia el interior del reino de Aragón destruyendo y conquistando las villas de Bailo y Arbués, así como la de Berdún, cerca del río Aragón y a escasas jornadas de Jaca. Pero el rey de Aragón aproximó un fuerte ejército a la frontera con Navarra y, cortando a Eustache la retirada, hizo que éste no tuviera más remedio que poner rumbo a Francia a través del valle pirenaico de Canfranc. A finales de ese mismo año 1283, el senescal Beaumarchais invadió el valle de Arán y lo conquistó, anexionándolo al reino de Francia, como hemos visto al principio.

En el mes de abril de 1283, doña Constanza y sus hijos don Jaime y don Fadrique marcharon a Sicilia con la misión de gobernar el reino insular. Su defensa corrió a cargo del almirante Roger de Lauria, un marino de origen italiano que ostentaba el cargo de almirante de la flota aragonesa. Roger de Lauria derrotó a una flota angevina en el puerto de Malta en junio de 1283 y se  adueñó del archipiélago. Después destrozó una poderosa escuadra angevina en Calabria e hizo prisionero al hijo de Charles de Anjou, el príncipe de Salerno (Charles II de Anjou), que era quien la capitaneaba. Tras esto se hizo con el control de Ischia, en el Golfo de Nápoles. Tras la campaña terrestre que realizó el ejército aragonés (Apulia y Basilicata), y con la ocupación por parte del almirante Roger de Lauria en septiembre de las islas tunecinas de Djerba y Kerkenah, la supremacía de la Corona de Aragón en el sur de Italia y en el Mediterráneo central se consolidó totalmente.

El Coll de Panissars o Paso de las Panizas, en la misma Vía Augusta.

LA INVASIÓN DE ARAGÓN.-

Ante la frágil situación de Charles de Anjou en el sur de Italia, su sobrino Philippe III de Francia, con la ayuda del pontífice Martín IV, aumentó la presión sobre el reino de Aragón y le abrió un nuevo frente en la península. En Perpiñán, la capital del condado de Roussillon, tenía su residencia el rey de Mallorca, don Jaime II (1276-1311). Según la Crónica del rey en Pere de Bernat Desclot, Pedro el Grande, sospechando que su hermano estaba en connivencia con el rey francés para dejarle que sus ejércitos atravesaran el Roussillon de camino hacia Cataluña, marchó sobre Perpiñán, obligando al rey de Mallorca a huir de la ciudad y unirse al ejército cruzado. Finalmente, un ejército formado por las fuerzas de los reinos de Francia, Mallorca y Navarra, así como de la república de Génova y otros ejércitos cruzados que se sumaron a la campaña, todos al mando personal del propio Philippe III el Atrevido, trató de penetrar en la península por el collado de las Panizas (coll de Panissars), al tiempo que una escuadra francesa se aproximaba a la costa catalana con la misión de garantizar los suministros.

El paso pirenaico de las Panizas, situado en la misma Vía Augusta, estaba bien defendido por el ejército de Pedro el Grande y los cruzados no lo pudieron atravesar. El infante don Alfonso, hijo mayor de Pedro el Grande, preparó sus galeras y ordenó la arribada a las costas catalanas del almirante Roger de Lauria con su treintena de galeras. Además, se reforzaron las defensas por toda la zona del Ampurdán con las huestes nobiliarias de los condados limítrofes y con las Órdenes Militares del Temple y del Hospital. El sur del condado de Roussillon, en el que la población se opuso fieramente a los cruzados (y eso, a pesar de que era un territorio gobernado por el propio Jaime II de Mallorca), fue tomado por los cruzados después de encarnizadas luchas y múltiples matanzas. En junio de 1285, el ejército francés pudo, sin embargo, penetrar en Cataluña por otro paso situado en el condado de Ampurias y las fuerzas aragonesas decidieron retroceder hasta la ciudad de Gerona, donde trataron de hacerse fuertes. El 7 de septiembre la ciudad se rindió y fue ocupada por el senescal Eustache de Beaumarchais.

Pero poco tiempo después, las galeras de Roger de Lauria, recién llegadas de Sicilia, destruyeron casi por completo a la flota francesa en el golfo de Rosas, y los franceses, ante la consiguiente falta de suministros, hubieron de retirarse y no continuaron con su avance hacia sur. En su retirada sufrieron importantes reveses en Besalú y en el collado de las Panizas, donde muchos soldados franceses estaban afectados ya por una epidemia de peste. Entre los enfermos se hallaba el propio monarca Philippe III, que consiguió llegar a la ciudad de Perpiñán a principios de octubre, para morir unos días después (5 de octubre de 1285).

Después del fracaso de la invasión francesa, Pedro el Grande quiso castigar la traición de Jaime II de Mallorca y preparó una flota para invadir las Baleares. Pero en ese momento, cayó enfermo y encomendó la misión a su hijo don Alfonso. En el lecho de muerte, y en presencia del arzobispo de Tarragona y otros prelados y nobles, Pedro el Grande manifestó que si había atacado Sicilia había sido para defender los intereses de su propia familia y sin ninguna acritud hacia la Iglesia Católica. Sus palabras fueron interpretadas como que haría retornar Sicilia al papa y el rey don Pedro recibió la absolución, muriendo el día 2 de noviembre de 1285.

11 comentarios en “El valle de Arán bajo la soberanía de Francia.

  1. ARCHIVOS ESPAÑOLES (una francesa buscando el apellido SUBIRÀ en Aran )

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    Código de Referencia:
    ES.08019.ACA/1.1.3.3//ACA,CONSEJO DE ARAGÓN,Legajos,0316,nº 070
    Titulo Nombre atribuido:
    El capitán Rafael Subirá, gobernador del valle de Arán, pide nobleza
    Fecha Creación:
    1661
    Nivel de Descripción:
    Unidad Documental Compuesta

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    Nombre de/l (los) productor/es:
    Consejo de Aragón (España)

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    Notas del Archivero:
    Información tomada del “Inventario de los legajos 296-317 y 555 del Consejo de Aragón (Secretaría de Cataluña)” elaborado por Marta Llovet

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  2. En el Segadors era Felipe IV. sorry al picar

    Y en 1095 iba con Ramiro I de Aragon

    Siempre todos los reyes confirmaron y protegieron los fueros y libertades aranesas , hoy secuestradas por la Generalitat

  3. QUE TUVO QUE VER EN LA CONQUISTA DEL VALLE DE ARAN MI ANTEPASADO RAFAEL SUBIRA VASALLO DEL CONDE DEL PALLAS.

    1. Hola “prima” yo tb llevo en parte sangre de Don Rafael Subirá y además conservo el apellido, y por poder ser hasta el titulo de infanzon que se otorgo a todos sus descendientes varones, si quieres algo de información de la rama Subira que fue a parar Castejon de Sos, aqui tienes mi dirección de correo: angelsubirasubira@hotmail.com.
      Un saludo!

      1. La familia SUBIRA es aranesa -no catalana- del Val d’ Aran, concretamente de ARROS; 100% gascon. en el que llevaban asentados desde tiempo inmemorial.

        Es el primer miembro de la familia que se hizo famoso en Espana y fue reconocido y ennoblecido por el Rey Felipe IV, despues de la guerra civil entre catalanes que afecto en sus limites a Aragon y Aran.

        Rafael Subira de Miguel capitan de corazas del terçon de Marcatossa fue el reconquistador de Aran, al rendir a los miqueletes catalanes que habian invadido y saqueado Aran con ayuda de Francia.
        Despues fue nombrado por el Rey de Espana Gobernador del Valle de Aran y de Castillo Leon

        Despues debido a la actividad de la familia en el comercio de caballos igual que la familia Portola de Arties la del Conquistador de California, compro la Baronia de Eroles y despues la de Abella en Catalunya entre otras.y se multiplico los hijos ;;;;

        Los SUBIRA que hay en Espana y America son todos descendientes de una familia aranesa.

        Desde Viella un saludo

    2. ARCHIVOS ESPAÑOLES (en appelant le nom SUBIRÀ )

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      Código de Referencia:
      ES.08019.ACA/1.1.3.3//ACA,CONSEJO DE ARAGÓN,Legajos,0316,nº 070
      Titulo Nombre atribuido:
      El capitán Rafael Subirá, gobernador del valle de Arán, pide nobleza
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      1661
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      Consejo de Aragón (España)

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      Información tomada del “Inventario de los legajos 296-317 y 555 del Consejo de Aragón (Secretaría de Cataluña)” elaborado por Marta Llovet

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  4. Hola Francisco
    Gracias y enhorabuena por el articulo.
    Si por aquella epoca hubieramos estado nosotros por alli, los 500 soldados no hubieran tenido la mas minima opcion de entrar en el valle.
    “Pa chulos, nosotros”

  5. Hola, amigos. Otra entrega más de mi historia de valle de Arán en la Edad Media, por si este fin de semana no tenéis gran cosa que hacer y la queréis leer. Muy en breve, colgaré la siguiente, amenazo…

    1. En la guerra dels SEGADORS Aran permanecio al lado de su Rey Felipe V
      En la guerra de SUCESION Aran permanecio al lado de su Rey Felipe V
      Hoy ante el mas que posible MOTIN en Catalunya Aran permanece al lado de su Rey Felipe VI

      Aran non ei Catalonha
      Aranes bremate”n tostemp gascon

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